domingo, 3 de marzo de 2019

LA DISLEXIA INFANTIL: UN ANÁLISIS DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL APRENDIZAJE

Dr. Franco Lotito C. –  www.aurigaservicios.cl

Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)



“Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá toda su vida pensando que es estúpido” (Albert Einstein, autor de la Teoría de la Relatividad y ganador del Premio Nobel de Física).




“Cuando tenía 7 años, me dijeron que yo sufría de dislexia, y los otros niños se burlaban de mí. Yo me sentía ansioso, nervioso, rechazado, frustrado y un burro” (Tom Cruise, famoso y muy exitoso actor de cine norteamericano, nominado tres veces al premio Oscar como mejor actor).



La dislexia puede ser definida como un “trastorno del aprendizaje de la lectoescritura”, que tiene un carácter persistente y específico que puede arrastrarse durante toda la vida. Se da en niños que, en realidad, no presentan daños neurológicos, así como tampoco tienen algún hándicap de tipo físico, psíquico ni sociocultural, y cuyo origen parece estar vinculado a una alteración del neuro-desarrollo. Asimismo, diferentes estudios han demostrado que muchos casos de dislexia tienen un carácter hereditario.

Algunos de los síntomas que caracterizan –en general– a este trastorno, son: el retraso para aprender a hablar y leer,  dificultad para adquirir nuevas palabras, alteración de las nociones espaciales y temporales, confusión de palabras que tienen una pronunciación similar, dificultades para articular o pronunciar palabras, trasposición de letras, cambios en el orden e inversión de los números, lectura muy laboriosa y con errores, problemas de concentración en la lectura o escritura, dificultad para seguir instrucciones y aprender rutinas, problemas de memoria a corto plazo, dificultades para organizar y expresar sus pensamientos, problemas para mantener la atención, dificultades con las matemáticas. En algunos casos –especialmente, aquellos casos que han sido mal manejados– se presenta dificultad en el habla.

Se debe sobreentender, que no existen dos personas disléxicas que sean idénticas, siendo cada caso único, especial y particular, y el sujeto afectado no tiene por qué presentar la totalidad de los síntomas arriba señalados para ser diagnosticado de disléxico.

La dislexia causa dificultades con la lectura, pudiendo afectar, asimismo, la comprensión lectora, las matemáticas, la ortografía y la escritura, y a menudo, tal como veremos más adelante, se confunde con otros trastornos de aprendizaje y de atención que causan problemas similares. También es preciso tener presente un error muy común: la dislexia es un problema relacionado con el lenguaje y no tiene nada que ver con la capacidad visual de los disléxicos.

De acuerdo con el Manual de Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), las personas con dislexia manifiestan de forma característica ciertas dificultades para decir el alfabeto en el orden correcto, nombrar algunas letras, realizar rimas simples, así como también para analizar y/o clasificar los sonidos.

De acuerdo con los expertos Ramos, Manga y Pérez (1995), la lectura en los disléxicos se caracteriza por presentar omisiones, sustituciones, distorsiones, inversiones o adiciones, lentitud lectora, vacilaciones, problemas de seguimiento visual y déficit en la comprensión, calculándose que entre el 5 y el 8% de los escolares sufren de dislexia, lo que provoca, generalmente, el fracaso escolar, cuando los menores no son tratados.

En este sentido, las dificultades de aprendizaje pueden ser enfocadas como un grupo heterogéneo de trastornos que se manifiestan en dificultades significativas al momento de adquirir y usar las capacidades de escuchar, hablar, leer o escribir, de razonamiento o de matemáticas. Estas dificultades son propias y específicas para cada individuo y, presumiblemente, son ocasionadas por una disfunción del sistema nervioso central.

Los diversos estudios que se han realizado indican que los niños con dificultades de aprendizaje suelen presentar un nivel normal de inteligencia, agudeza visual y auditiva, en tanto que las dificultades que presentan los menores se relacionan con el proceso de captar, procesar y dominar las tareas y la información que reciben, con el fin de –posteriormente– poder desarrollarlas.

Para Etchepareborda, Abad y Ruiz (2008), por ejemplo, la dislexia representa una dificultad vinculada a la decodificación –o lectura– de las palabras, por lo que estarían alterados algunos de los procesos cognitivos intermedios entre la recepción de la información y la elaboración del significado.

El principal problema que tiene la dislexia, es que es un trastorno que no es compatible con el sistema educacional imperante hoy en día –una variable, por lo demás, que es ajena al niño con dislexia–, puesto que, en términos generales, al interior del sistema educativo, todos los aprendizajes se realizan a través de un “código escrito”, en función de lo cual, el niño disléxico no puede asimilar ciertos contenidos de materias, porque no está en condiciones de comprender su significado a través de la lectura.

El menor disléxico está obligado a poner tanto esfuerzo y atención en las tareas asignadas de lectoescritura, que termina por fatigarse, perder la concentración, distraerse y, finalmente, rechazar este tipo de actividades escolares. Los padres y profesores, a su vez, interpretan este comportamiento del niño/a como una “falta de interés” o –en el peor de lo casos– como “incapacidad” y comienzan a presionar al menor para obtener de su parte un mayor esfuerzo, sin que se logre comprender, que estos niños –al realizar este tipo de tareas que pudieran parecer sencillas para otros estudiantes–, se sienten como si cualquiera de nosotros, estuviéramos en una clase de física avanzada con el Premio Nobel de Física Albert Einstein.

En este sentido, la dislexia, es mucho más que tener dificultades en la lectura y en la escritura, ya que existen problemas de compresión, de memoria a corto plazo, de acceso al léxico, confusión entre la derecha y la izquierda, dificultades en las nociones espacio-temporales, dificultades con habilidades básicas del lenguaje, como el reconocimiento de los sonidos en las palabras y la asociación de los sonidos de las letras con los símbolos. Los menores también pueden presentar problemas con la combinación de sonidos para formar palabras. Eso puede dificultar la pronunciación o “decodificación” de las palabras, lo que trae como consecuencia que la lectura requiera de grandes esfuerzos y no se pueda realizar de forma automática (https://www.understood.org/en).

Las investigaciones realizadas usando imágenes por resonancia magnética funcional (IRMf) del cerebro buscando determinar las causas de la dislexia, demuestran que existen ciertas diferencias entre las personas que tienen dislexia y las que no la tienen, en las áreas del cerebro que están involucradas en determinadas habilidades importantes para leer.

Además del problema para decodificar el mensaje, otras señales de la dislexia son: (a) confusión al pronunciar palabras y frases, (b) dificultad para leer en voz alta con el tono apropiado y la agrupación adecuada de palabras y frases, (c) problemas para escribir o copiar letras, números y símbolos en el orden correcto.

Es frecuente, asimismo, que la dislexia coexista con otras dificultades de aprendizaje y de atención. Algunas de estas dificultades tienen síntomas parecidos a los de la dislexia (y que pueden confundir y ocultarla), tales como: (a) la discalculia (o dificultad para entender y trabajar con números), (b) la disgrafia (o incapacidad para escribir de un modo correcto los sonidos percibidos), (c) el trastorno por déficit atencional con hiperactividad (TDAH), etc. Por ello, es importante que a un menor con dificultades de aprendizaje se le realice una evaluación completa e integral al momento de estudiar sus problemas de lectura.

Digamos, finalmente, que aunque la dislexia no desaparece a medida que los niños van creciendo, hay muchos métodos, estrategias y fórmulas que pueden ayudar a los disléxicos a superarse, métodos que les permitirán desarrollarse, avanzar y vencer de manera exitosa las dificultades propias de su condición (https://www.understood.org/en).

De ahí que se diga, que es un mero absurdo –y un engaño– afirmar que las personas con dislexia están condenadas al fracaso. Por el contrario: está demostrado que la mayoría de los niños con dislexia puede salir adelante en la escuela con la ayuda de tutores y programas de educación especializada.





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