domingo, 9 de diciembre de 2018

EL CEREBRO INFANTIL: UNA EXTRAORDINARIA Y POTENTE MÁQUINA DE APRENDIZAJE

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl

Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

“Todos tenemos un cerebro. La gran diferencia está en que algunos lo usan y otros no”. (Dr. House, médico de una serie televisiva que lucha por salvar vidas con su equipo).


“El cerebro no es un vaso para llenar, sino que una lámpara para encender”. (Plutarco, historiador y filósofo griego del siglo II d.C.).

Hasta hace un tiempo atrás, se pensaba que los bebés eran “seres irracionales” con un cerebro totalmente en blanco debido a que tenían un pensamiento y una experiencia muy limitados, es decir, eran algo así como una suerte de “Tabula rasa” –o cuaderno en blanco–, donde todo estaba por escribirse. Hoy en día, por medio de los sofisticados equipos tecnológicos –entre ellos, los equipos de resonancia nuclear magnética que hay a disposición y las imágenes que entregan estos instrumentos–, sabemos que este maravilloso órgano infantil es insuperable en cuanto a células, actividades cerebrales y conexiones neuronales, cuyo nivel de actividad duplica con facilidad al cerebro de un sujeto adulto. Es más potente aún, que aquellos adultos que le dan poco uso –o que mantienen en “cero kilómetros”– a esta extraordinaria máquina del pensamiento.



Esta errónea percepción del cerebro infantil ha cambiado radicalmente, por cuanto, tal como lo demuestra la Dra. Alison Gopnik a través de un innovador estudio y autora del libro “El filósofo entre pañales”, que los niños pequeños aprenden más y más rápido que los adultos, son más creativos y imaginativos que sus padres, y tienden a experimentar el mundo que los rodea de forma más intensa que los adultos. Lo anterior tiene una explicación lógica, racional  e, incluso, cuantificable: los niños pequeños tienen más neuronas a disposición, cuentan con más conexiones que los adultos y hay menos sustancias químicas que frenen, detengan o inhiban las actividades de sus circuitos cerebrales y conexiones nerviosas. Esta condición del cerebro infantil, es la que explica que los bebés y los niños sean capaces de aprender una enorme y sorprendente cantidad de datos, hechos e información en lapsos de tiempo relativamente cortos.



En función de lo anterior, estos bebés y niños pequeños están en condiciones de manejar con gran maestría diversas técnicas y habilidades, tales como hablar (y entender) diversos idiomas, dibujar el mundo que los rodea, o aprender a caminar, tres desafíos muy complejos.



A diferencia de los adultos, quienes necesitan desconectarse del resto del mundo para efectos de focalizarse y concentrarse en un aspecto determinado  –y también limitado– de la realidad, con la finalidad de poder trabajar de manera productiva, a los bebés esto se les hace imposible, por cuanto su cerebro está en permanente actividad, siendo inundado por múltiples estímulos y sensaciones que lo mantienen abierto y expectante ante todo aquello que le llega desde el mundo exterior.



Hoy se sabe, que esta cualidad –o característica– tan propia de los primeros años de vida de un niño es absolutamente imprescindible para que aquellas personas dotadas de talentos puedan desarrollar su creatividad y potencial, buscando soluciones novedosas a los problemas que va enfrentando día tras día.



En la medida que el bebé va explorando su entorno e interactúa con las personas que le están cerca, miles de millones de neuronas se activan, transmitiendo, en un constante ir y venir, impulsos nerviosos que fortalecen una diversidad de circuitos cerebrales o redes neuronales. Sin embargo, cuando se comete el grave error de no enriquecer o estimular lo suficiente el cerebro de este bebé –a medida que va creciendo–, se produce un fenómeno irreversible llamado “poda neuronal” o “poda neural”, en que aquellas redes que no son utilizadas o que no son suficientemente estimuladas, van muriendo.



Al respecto de lo que se analiza en este documento, es recomendable que los padres, apoderados, maestros y profesores tengan muy en cuenta algunos datos que se entregan a continuación:


1. Hasta los tres años de vida del niño se crean más vías nerviosas de las que se destruyen.



2. Entre los tres y los diez años de vida la creación y desaparición de redes neuronales se equilibra.



3.  A partir de los diez años  mueren más vías neuronales que las que se crean.



4. Desde los tres años de edad hasta la etapa de la pubertad, el cerebro de este bebé-niño-joven tiene el doble de actividad que el cerebro del adulto.

Resulta entonces, una verdadera tragedia humana cuando –por descuido, desinterés, negligencia o simple indiferencia–, ese tremendo potencial que existe en esta potente máquina de aprendizaje que representa el cerebro infantil, se pierde inútilmente, sin posibilidades de revertir el resultado final.

No existe, por cierto, en la naturaleza otra especie, cuyos hijos nazcan más desamparados y dependientes de sus padres, y que requieran de más tiempo de dedicación y cuidado.



Digamos finalmente, que el punto clave consiste en enriquecer –sin saturar– el ambiente en el que se desenvuelve el niño, hacerlo dibujar, leerle en voz alta –hasta que esté en condiciones de hacerlo por sí mismo–, animarlo a jugar y explorar su entorno, sin forzar a los niños a utilizar determinados juguetes, si lo que quiere el menor es jugar con una caja de cartón, por cuanto, el valor educativo y motivador de un juguete viene dado por el uso que le dé el niño, y no por el alto costo que tenga dicho juguete. Recomendable, también, es restringir las horas que los niños pasan frente al televisor, así como también reducir el uso indiscriminado de adminículos técnicos como celulares, iPods, tablets, computadores, etc., entusiasmando y estimulando a los niños para que salgan a jugar al aire libre, por cuanto, el cerebro de estos niños se beneficiará extraordinariamente a través del ejercicio, las actividades físicas y del aumento del flujo de oxígeno en la sangre, que luego llegará a alimentar a sus cerebros.



No está de más, señalar la existencia de una estrecha relación entre Neurociencia y Educación, por cuanto, los avances en Neurociencias han demostrado las conexiones existentes entre las emociones, el pensamiento racional, el medioambiente y la toma de decisiones que cada persona realiza a lo largo de su vida… hasta el punto de revolucionar nuestra comprensión del rol que juegan los afectos en la educación y su efecto en el cerebro.



La idea de fondo, es “transformar” de manera dinámica a la Educación, para que observe y respete cómo aprenden los niños, con el fin de que puedan florecer seres humanos completos, felices, inteligentes y armoniosos.

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