domingo, 11 de noviembre de 2018

EL SÍNDROME DE ASPERGER: UN TRASTORNO MUY POCO COMPRENDIDO

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

“El autismo no es un error de procesamiento de la información. Es, simplemente, un sistema operativo diferente”.


El Síndrome de Asperger es un trastorno del espectro autista (TEA) muy complejo y que  se caracteriza por dificultades significativas en la interacción social y en  la comunicación no verbal, junto con la presencia de intereses y patrones de conducta más bien restrictivos y repetitivos y que, demasiado a menudo, ha sido un tema poco comprendido, aún cuando se muestra como un trastorno menos grave que el autismo, propiamente tal.
Durante una época se creyó que las personas con Síndrome de Asperger (S.A.) no tenían deseos –o la suficiente capacidad– para establecer relaciones interpersonales de carácter más íntimo y cercano. Hoy en día, en cambio, se acepta que de adultos estas personas sí desean –y están en condiciones de– establecer relaciones de pareja, pueden tomar la decisión de contraer matrimonio, formar una familia, tener hijos y, a menudo, llevan ante los ojos de terceros lo que puede considerarse como una vida confortable y socialmente aceptable, aún cuando no exenta de ciertas dificultades y problemas que, eventualmente, pueden acabar con la relación de pareja.
A menudo, son las personas más cercanas al sujeto diagnosticado con S.A. –tal como es el caso de los padres o la pareja del sujeto afectado–, quienes están más conscientes de los problemas sociales que puede causar el síndrome, ya que es un trastorno que puede incidir directamente en la capacidad de interactuar, socializar y de comunicarse con los demás de manera adecuada.
La primera persona en identificar y describir el síndrome de Asperger, fue el médico y pediatra austríaco Hans Asperger en los años 50, acuñando el concepto de “Psicopatía Autista” (o Síndrome de Asperger en la terminología actual). De acuerdo con los investigadores Kadesjö, Gillberg y Hagberg (1999), el síndrome de Asperger representa un trastorno generalizado del desarrollo, causado por un defecto neurológico en el funcionamiento del cerebro. Sin embargo, investigadoras como la Dra. Stephanie Seneff y Purohit Saraswati (2018) agregan que el Síndrome de Asperger también podría ser causado por infecciones durante el embarazo, el uso o ingesta de teratógenos, así como por la exposición a diversos elementos tóxicos y metales pesados.
Una mala noticia que proviene del ámbito científico, es que el número de casos de TEA va en constante aumento, y si en los años noventa el TEA afectaba a una de cada 250 personas, recientes investigaciones indican que la proporción, hoy en día, es de un sujeto con S.A. por cada 70 niños, tal como reveló un preocupante estudio realizado en Paraguay,  dado a conocer en abril de 2018. Es más. Se calcula que esta proporción podría ser incluso mayor debido a la cantidad de personas con S.A. que quedan sin diagnosticar. Una de las cosas más preocupantes, es el pronóstico que hace la Dra. Stephanie Seneff al señalar que para el año 2030 uno de cada tres niños podría estar afectado por alguno de los trastornos del espectro autista, relacionado, entre otros factores, con el alto nivel de contaminación ambiental y alimentario que existe hoy en nuestro planeta.
Por otra parte, una de las características del S.A. es que este trastorno afecta, en forma  predominante, a los hombres, con una proporción de 4 a 1, sobre las mujeres.
Algunos síntomas, signos y/o señales que indican la presencia del S.A. son los siguientes:
1. Tienen problemas para relacionarse, socializar e interactuar con otras personas, sean otros niños o adultos, presentando conductas que pueden ser consideradas inadecuadas, como consecuencia de la errada comprensión o confusión que les crean las exigencias de las etiquetas sociales de interacción.
2. Tienden a hacer una interpretación literal del lenguaje. Es así, por ejemplo, que si la familia ha terminado de almorzar y la madre le pide a los niños “levantar la mesa”, es decir, llevar los platos, vasos y cubiertos al lavaplatos, lo que el niño con un TEA entiende, es que debe tomar la mesa con sus manos y “levantarla”, en forma literal.
3. Presentan una hipersensibilidad a ruidos y olores, pudiendo reaccionar de manera muy extraña, con temor, ansiedad y desconcierto, especialmente frente a ciertos sonidos muy ruidosos y/o desconocidos.
4. Presentan dificultades para establecer y mantener relaciones de amistad con otros niños de su edad, evitando jugar o interactuar con ellos.
5. No existe conciencia o capacidad para decodificar las emociones y sentimientos de los demás, presentando dificultad para comprender la comunicación no verbal y siendo muy ingenuos e inocentes en la interpretación de situaciones sociales que requieren de respuestas de tipo estándar, pero que para las personas con TEA resultan incomprensibles, lo que puede dar lugar a conductas consideradas por otros como inadecuadas o inapropiadas a la situación particular.
6. El tono de voz tiende a ser más bien del tipo monótono, o con entonaciones que nada tienen que ver con la situación que está viviendo el sujeto en ese momento y con poca presencia de expresiones faciales o gesticulaciones.
7. Pueden presentar movimientos poco coordinados y con cierta torpeza.
8. Los niños con TEA pueden experimentar un interés obsesivo por algunos temas u objetos. Si por ejemplo, se interesan por los libros, algunos de estos niños son capaces de aprender a leer por sí mismos y sin ayuda. En este sentido, estos niños no pueden ser considerados con problemas de retraso mental o de tipo cognitivo. Por el contrario: muchos de ellos presentan un coeficiente intelectual por sobre el promedio
9. Algunos niños con TEA pueden tener una memoria extraordinaria para guardar una enorme cantidad de datos, cifras, fechas, nombres, etc.
10. Muchos de los niños con TEA presentan patrones repetitivos de conducta, pudiendo pasar muchas horas haciendo y repitiendo siempre lo mismo. No les agrada que otras personas muevan sus cosas de lugar, pudiendo aparecer ante los ojos de los demás como si tuvieran un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).
Si bien las causas del TEA no son conocidas a ciencia cierta, se ha observado una correlación del tipo genética, en que en un 50% de los casos de los niños con TEA, uno de los progenitores –generalmente el padre– presenta el mismo trastorno, o bien, existe un historial de autismo en la familia y parientes cercanos de primer grado.
Para efectos de poder ratificar o descartar el diagnóstico de TEA con cierto grado de seguridad y certeza, es importante realizar una evaluación de tipo multidisciplinaria, con la participación de distintos especialistas: pediatras, psicólogos, neurólogos, fonoaudiólogos y psicopedagogos.
Ahora bien, no obstante los problemas y dificultades en el diario vivir que les acarrea el hecho de estar afectados de TEA,  los niños que padecen de este trastorno son niños que, en general, poseen un gran corazón, pueden ser bondadosos, leales y sinceros en su actuar, ya que los actos que realizan los hacen sin dobleces (o dobles intenciones), a diferencia de los niños considerados “normales”, quienes son capaces de actuar con una suerte de “agenda oculta”, cuyos principales beneficiarios, son solamente ellos mismos.
Digamos finalmente, que si bien el Síndrome de Asperger no tiene cura –a través de medicamentos, por ejemplo–, sí es posible llevar a cabo una intervención multidisciplinaria con el propósito de facilitar a la persona afectada de TEA una positiva integración a la sociedad, al mismo tiempo que mejorarle de manera notable la calidad de vida que pueden llevar de adultos.
Lo anterior implica llevar a cabo: (a) un entrenamiento de las habilidades sociales, (b) terapia en el manejo del lenguaje, que incluye el contacto visual y la interpretación de gestos y del lenguaje corporal (o no verbal), (c) uso de terapia conductual-cognitiva con la finalidad de tener un mejor control de sus emociones y de sus conductas repetitivas, (d) entrenamiento y capacitación parental, con el propósito de que su familia comprenda el desafío que significa vivir con una persona con S.A., (e) participación en grupos de apoyo, lo que les permite compartir experiencias de personas con el mismo trastorno, (f) manejo de la ira, con el objetivo de controlar de mejor manera frustraciones, rabias, disgustos, etc., que puedan afectar de manera negativa sus relaciones con familiares, pareja, amigos, compañeros de trabajo, e incluso, con desconocidos.

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