domingo, 22 de julio de 2018

¿QUÉ DIABLOS ESTAMOS HACIENDO MAL EN CHILE?


Dr. Franco Lotito C.  –  www.aurigaservicios.cl
Académico, Investigador y Escritor (PUC-UACh)

“El uso de la violencia –venga de donde venga– es malo. Pero es aún peor, si ésta viene utilizada por menores de edad”.


El día 17 de julio de 2018 cuatro menores de edad, con cuchillo en mano, asaltaron a una pareja, y mientras dos de ellos amenazaba al hombre con un cuchillo en el cuello¬ y lo llevaban lejos, los otros dos menores de 13 y 16 años comenzaron a violar a la mujer de 38 años, no obstante los ruegos de esta dama de que no la ultrajaran y no le hicieran daño. Los ruegos fueron totalmente inútiles.
Por otra parte, al día siguiente, 18 de julio,  la Fiscalía reconoció que estaba investigando un abuso y/o violación de una niña de 8 años por parte de tres menores de 8, 9 y 12 años de edad, a raíz de la denuncia presentada por la niña y de la madre de ésta ante carabineros, haciendo notar que ésta era la segunda vez que los mismos niños forzaban sexualmente a la niña de ocho, ya que la primera vez no se había hecho la denuncia debido a la escasa edad de los niños abusadores.
Si alguien piensa que estos son los titulares periodísticos de algún país africano o tercermundista, está totalmente equivocado, ya que, para vergüenza y lamento de todos nosotros, estamos hablando de Chile. Sí, de nuestra propia patria y de menores delincuentes chilenos. La primera pregunta que surge es… ¿qué diablos estamos haciendo mal en Chile? ¿Qué errores u omisiones estamos cometiendo para que esto esté sucediendo en nuestro país? Las preguntas no son gratuitas, por cuanto, alguien –las autoridades, los políticos, la sociedad, los jueces, la ciudadanía– deberá obligatoriamente responderlas. Y cuánto antes se den las respuestas, tanto mejor, ya que de ahora en más, es posible esperar cualquier cosa en nuestro país.
Lo único que nos estaría faltando –y mucho me temo que sólo deberemos esperar un poco de tiempo antes de que ello acontezca– es que algún menor de edad tome una pistola con varios cargadores y/o un rifle de repetición, se dirija a un establecimiento educacional y comience a disparar en contra de sus propios compañeros y de sus profesores, tal como tantas veces lo hemos visto en las noticias que vienen del extranjero.
La razón de fondo para hacer todas estas preguntas, es muy simple: el chico de 13 años que violó a la mujer de 38 años, así como los tres menores de 8, 9 y 12 años acusados por la niña de 8 años de haberla violado  –de acuerdo con la actual Ley de Responsabilidad Penal Adolescente– son inimputables y sin discernimiento y, en consecuencia, nadie en este país les puede tocar siquiera un solo pelo.
En función de lo anterior, el joven violador de la mujer de 38 años ya fue entregado a su familia y hoy está en su casa viendo tranquilamente televisión y jugando al PlayStation. El segundo aspecto tremendamente negativo de este asunto, es que este joven delincuente de 13 años sabe perfectamente que es inimputable ante la ley, y sabe, además, que su gravísimo delito quedará en la total impunidad.
La siguiente pregunta es aún más complicada, pero es absolutamente necesaria hacerla… ¿y qué haríamos nosotros, si la mujer violada fuera nuestra hija, nuestra hermana, nuestra pareja o… nuestra madre? Porque, al tenor de lo que observamos hoy en día, mientras la víctima asaltada, golpeada y violada sea la hija, la pareja o la mamá de “otra” persona, entonces el asunto no nos incumbe y no nos interesa, y allá ella con su desgracia y su drama personal y familiar.
Y ahora analicemos el fondo de este grave delito. Pues bien, hablar de “falta de discernimiento” en el actuar de estos y otros menores trasgresores de la ley, es una soberana estupidez, y todos nosotros lo sabemos, pero al parecer, hemos optado voluntariamente por hacernos los desentendidos ante esta realidad, mientras las víctimas de los asaltos a mano armada, de los portonazos, de los robos con violencia, de las bombas molotov, etc., sean los demás. Los crímenes y actos delictivos que estoy señalando en este documento no son “accidentales” y, menos aún, “conductas impulsivas”, sino que cada uno de los delitos que he consignado más arriba han sido planificados y llevados a cabo con calculada y fría precisión, además de utilizar una violencia extrema, donde cada uno de los menores delincuentes conoce a la perfección el rol que le corresponde ejecutar en la comisión del delito.
Ahora bien, dada la gravedad del crimen cometido por estos menores de 13 y 16 años, surge la indignación, el horror, la incredulidad y el rechazo por parte de una sociedad que ve impotente, cómo estos menores delincuentes se irán para la casa sin que tengan que dar cuenta ante la justicia por los graves hechos que están cometiendo.
Por otra parte, estos graves crímenes que se están produciendo, no tienen nada que ver con que los hechores sean “pobres” o que sean chicos “vulnerables”, ya que hay muchos menores que provienen de familias de escasos recursos y que viven en ambientes vulnerables que son mucho más respetuosos, educados y de comportamiento ejemplar que muchos otros jóvenes que vienen de familias pudientes, a los cuales me toca atender en mi consulta privada.
Entonces, vuelvo a preguntar… ¿qué estamos haciendo mal en Chile?
A lo anterior, hay que agregar que hay varias bandas de niños y niñas entre los 8 y los 12 años que se están dedicando a robar bicicletas de alto valor en distintas comunas de Santiago, y cuando estos chicos son sorprendidos por los guardias de seguridad, se ponen a reír entre ellos, a jugar con sus celulares y a comerse las cosas que traen en sus mochilas producto de sus robos. Todo lo anterior, sin ningún tipo de arrepentimiento o de preocupación, porque saben perfectamente que nadie los puede tocar. Nadie. Incluso más: algunos de ellos, con más “experiencia delictual” se ponen agresivos, prepotentes y “choros” con sus captores.
Entonces, preguntémonos una vez más… ¿qué diablos estamos haciendo mal en Chile? En este sentido, de nada nos servirá rebajar las edades de los menores para que tengan que dar cuenta ante la justicia, si en forma paralela no se diseña e instala un sistema de reeducación y de reinserción social que FUNCIONE, porque hasta ahora, lo que tenemos, es un sistema inservible, obsoleto, disfuncional y oneroso que entrega pésimos resultados, por cuanto, quienes “egresan” de estas instituciones son, en su mayoría, jóvenes  delincuentes con largos prontuarios delictuales que aprendieron nuevas formas de delinquir, robar, asaltar, dañar a las personas y, de paso, engañar a la justicia.

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