domingo, 17 de septiembre de 2017

¡ME ABURRO EN EL TRABAJO! ¿QUÉ PUEDO HACER?


Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador  (UACh)

“Cuando el trabajo es un placer, la vida es una alegría. Cuando el trabajo es un deber, la vida es una esclavitud” (Maximilien Robespierre, abogado, orador y político francés).

“Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado” (Mario Moreno, Cantinflas, actor cómico mexicano).
Digamos dos cosas de partida: 1. Hasta el mejor trabajo puede llegar a aburrir a una persona durante la jornada laboral. 2. La mayoría de los trabajadores se aburre en algún momento en la realización de su trabajo.
Tal como dice el refrán, no sólo los niños y los tontos se aburren, también le puede suceder a cada uno de nosotros, cuando llega ese momento fatídico en que nos sentimos aburridos por aquello que estamos haciendo. Tanto es así, que en la mayoría de los trabajos, nos encontramos con más de una persona con cara de tedio, gente bostezando abiertamente a todas horas del día,  algunos otros suspirando y teniendo ensoñaciones diurnas, otros “paseando” y comprando por Internet, hasta encontramos a algunos otros ojeando folletos de turismo para decidir dónde van a pasar sus próximas vacaciones.
Es verdad que por muy feliz que una persona se encuentre en su trabajo, siempre hay momentos de aburrimiento, siendo lo importante, el saber cómo hacerle frente a esa condición de tedio. Sin embargo, el tema adquiere otro cariz, cuando la persona comienza a  aburrirse rápidamente en cada uno de los trabajos a los cuales se cambia.
Ahora bien, el mundo laboral en sí, también ha cambiado, y lo ha hecho en muchos sentidos. Si antes un profesional podía permanecer entre 10 y 15 años en un mismo trabajo, hoy en día, ese promedio se ha visto reducido drásticamente a un lapso de tiempo que varía, en promedio, entre los tres y los cuatro años. Esta es una tendencia que va, incluso, en crecimiento, y la antigua fórmula del “trabajo de por vida en una misma empresa” está pasando de moda y cayendo en el olvido.
Es tan marcada esta nueva modalidad laboral que, de acuerdo con algunos estudios y encuestas, aquellas personas que han permanecido durante toda su carrera profesional en una sola empresa, podrían verse en desventaja al momento de querer postular a una nueva compañía, ya que podría estar indicando varias cosas:
1. Falta de flexibilidad y falta de capacidad de adaptación a otro tipo de cultura organizacional.
2. Menor versatilidad y diversidad en su nivel de experiencia laboral.
3. Los muchos años de permanencia en una misma empresa le colocan el “cartel” de sujeto inseguro de sí mismo y de sus conocimientos, incapaz de asumir riesgos o de enfocarse en nuevos emprendimientos.
4. La persona tiene acumulado tantos años de servicio, que no está dispuesto a irse sin que le paguen todos esos años, lo que puede, incluso, hacer que el trabajador se obligue a permanecer en la empresa, haciendo un trabajo que no le satisface, con un mal clima laboral, o donde siente que no se le paga lo que se merece como profesional.
5. Podría, finalmente, reflejar el perfil de una persona que presenta resistencia al cambio y a lo nuevo.
Por otra parte, cuando una persona consigna muchos cambios laborales en su currículum puede producirse otro fenómeno: los responsables de reclutar y seleccionar personal en las empresas podrían pensar que tienen frente a ellos a un profesional poco estable e incapaz de mantener un trabajo por mucho tiempo, o bien, que es un profesional que se aburre rápidamente de un mismo trabajo, en función de lo cual, si es contratado, quedará la duda en el aire, si valdrá la pena invertir tiempo y dinero en formarlo y mandarlo a talleres y cursos de capacitación. En este caso, la empresa puede considerar que el dueño de este agitado y multifacético currículum:
1. No es un sujeto en el que se pueda confiar.
2. La persona no tiene claro aún qué quiere hacer con su carrera profesional.
3. No sabe, en definitiva, qué quiere hacer la persona con su vida.
No obstante lo anterior, también existen empresas que piensan de manera distinta al respecto de esta “inestabilidad laboral”, porque podría interpretarse, que ante ellos tienen a un profesional que es inquieto, que tiene iniciativa propia, que está dispuesto a asumir riesgos y nuevos desafíos y, como consecuencia de todo lo anterior, presenta, en general, un menor nivel de resistencia al cambio. En función de todo lo anterior,  a continuación se analizan cinco razones o argumentos de peso para  efectos de buscar nuevos horizontes y un nuevo trabajo:
1. Obtener una mejora económica: si usted piensa que su actual salario no está acorde con el puesto que desempeña, ni con su nivel de experiencia y las responsabilidades que tiene, entonces la decisión de buscar un nuevo empleo es correcta y coherente con el objetivo de lograr una mejor remuneración.
2. Hay desmotivación laboral: si su actual trabajo no le brinda la suficiente satisfacción y motivación personal, entonces un cambio de empleo y empresa puede significar para usted la realización de funciones que lo hagan sentirse realizado, satisfecho y a gusto con el nuevo desafío, así como tener la posibilidad de asumir un mayor nivel de responsabilidad, estar en grado de tomar decisiones y mejorar su estatus como profesional.
3. Usted tocó techo: si usted cree haber alcanzado el nivel más alto al cual puede aspirar en su empresa y no existe posibilidad alguna de ser promovido al internamente, entonces ha llegado el momento de pensar en nuevos horizontes que le ofrezcan un mejor desarrollo profesional en base a nuevas metas.
4. Se ha producido una crisis en la empresa: si la empresa está al borde de una quiebra, los pagos han sido suspendidos, la Cía. está en venta o tiene la intención de fusionarse con otra, entonces es apropiado evaluar la posibilidad de emigrar antes de que se produzca el cierre, la venta o la fusión definitiva. Ahora bien, si usted ha permanecido muchos años en la empresa y teme perder los años de servicio acumulados, la decisión de emigrar se ve más complicada y algo coartada.
5. Existen malas relaciones interpersonales con los jefes y compañeros de trabajo: es lamentable tener que decirlo, pero la existencia de problemas en las  relaciones laborales con jefes y/o compañeros, llevan a las personas a considerar la necesidad de buscar un nuevo ambiente laboral más propicio y grato, de otra forma se corre el riesgo de hundirse en un círculo vicioso de críticas y mala onda. Incluso más: la persona puede terminar enferma y con trastornos emocionales severos.
A continuación –y para que lo tenga presente– le ofrezco una visión acerca de cuándo está bien visto un cambio de trabajo:
1. Cuando los conocimientos, talento y experiencia del profesional serán utilizados y aprovechados de mejor forma en la nueva empresa.
2. Cuando el cambio implica subir en la jerarquía de una organización: es decir, pasar de ocupar un cargo de supervisión a uno de jefatura, o bien pasar de una jefatura a ocupar un cargo de gerencia.
3. La remuneración que ofrece la nueva empresa está acorde –o es incluso superior– al valor de mercado del profesional que cambia de compañía.
4. Cuando el cambio va acompañado con un incremento en el nivel de experiencia y reputación del profesional.
5. Cuando el cambio de empresa implica un reconocimiento a las contribuciones y aportes que ha hecho el profesional en el área donde se desempeña.
6. Cuando la nueva empresa está dispuesta a invertir en la formación y capacitación del nuevo empleado.
Finalmente, compartiré con usted algunas sugerencias para evitar que usted caiga en la apatía y el consiguiente aburrimiento:
1. Confeccione un listado de las tareas del día: establezca un orden de prioridades, concentrándose en las más importantes.
2. No posponga las obligaciones laborales en forma inútil: cuando tiene varios trabajos que realizar, comience por el más urgente y necesario, y no por el más cómodo.
3. El hecho de trabajar en forma ordenada y programada no significa que usted deba trabajar a todas horas: tomarse un respiro durante la jornada laboral a modo de pequeño recreo o receso, es recomendable (y también necesario).
4. Elija los momentos del día en que usted trabaja con más agrado y gusto: esas son las horas más propicias y recomendables para hacer las tareas más difíciles, desagradables o las más tediosas.
5. Concédase un tiempo para hacer un pequeño alto durante la jornada laboral: de otra forma, ésta terminará siendo tan aburrida y frustrante, que usted correrá el riesgo de comenzar a odiar, incluso, al mejor trabajo que exista sobre la tierra.
En función de todo lo anterior, ahora depende, exclusivamente, de usted, si se aburre o aprende a disfrutar de su trabajo.

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