domingo, 16 de julio de 2017

LUDOPATÍA, O LA HISTORIA DE UNA TRAGEDIA PERSONAL. LOS GRANDES RIESGOS Y PELIGROS INVOLUCRADOS


Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico, Escritor e Investigador (UACh)

“En el juego, demostramos ante los ojos de los demás, quiénes somos realmente” (Ovidio, poeta romano del siglo I antes de Cristo).


Una balacera al interior  del casino Monticello, cerca de la ciudad de Rancagua, dejó  el triste saldo de dos muertos y cuatro heridos, así como el suicidio del autor de esta tragedia humana –el veterinario Osvaldo Campos–, un ludópata y cliente VIP del casino,  y un asiduo visitante de las salas de juego del casino Monticello, quien luego de estar jugando de manera ininterrumpida durante varios días y de perder una suma cercana a los 18 millones de pesos, no encontró ninguna otra alternativa mejor que descargar su rabia, frustración y agresividad disparando contra todo aquel que se le puso en frente.
De acuerdo con diversos estudios científicos internacionales, la ludopatía se caracteriza por una serie de síntomas clínicos, entre los cuales  se destacan: el hacer muchos intentos infructuosos por tratar de jugar menos o dejar de jugar, pasar mucho tiempo pensando en el juego de manera obsesiva, jugar para escapar de sus problemas personales o de sentimientos de tristeza y ansiedad, presencia de un comportamiento repetitivo, progresivo y descontrolado por apostar, donde el sujeto ludópata entra en una suerte de círculo vicioso del cual no logra escapar, ya que, con el fin de recuperar las grandes pérdidas que ha tenido previamente en el juego, comienza a apostar, incluso, mayores cantidades de dinero, en lugar de saber retirarse a tiempo.
Su adicción al juego despierta en los sujetos ludópatas los mismos centros cerebrales que  aquellos centros que se excitan con el consumo de alcohol y drogas, tales como la cocaína o la heroína. La compulsión que experimentan los ludópatas es de tal magnitud, que a estos sujetos termina por no importarles para nada el destino que pueda tener su familia  o su propio destino laboral, a raíz, justamente, de su adicción al juego de apuestas.
En función de lo mismo, estas personas mienten acerca de la cantidad de dinero que han derrochado en el juego, pudiendo pasar días enteros al interior del casino pensando sólo en jugar, o bien, cómo obtener más dinero para continuar apostando. Uno de los aspectos más llamativos de este tipo de sujetos, es que tienden a “recordar” y hacer mención de las ganancias que han obtenido en el casino, no así de todas sus cuantiosas pérdidas y descalabros personales, familiares y económicos.
A tal punto llega su deseo y ansiedad psicológica de apostar, que el sólo hecho de pensar que tienen que dejar de jugar por falta de dinero, los pone muy inquietos, ansiosos e irritables, hasta el grado de comenzar a pensar y evaluar la posibilidad de cometer delitos: robar dinero de la familia, dilapidar el patrimonio de la pareja, hurtar y malversar dineros de la empresa donde trabaja, mentir y manipular a las personas a las que el sujeto pide dinero prestado, etc.
Estas personas tienen serias dificultades para resistir el impulso a jugar, y es aquí donde aparecen las tragedias que pueden afectar a terceros –entiéndase la familia, el trabajo o los mismos trabajadores del  casino– ya que se corre el riesgo de que el sujeto entre en una falta total de tolerancia a la frustración por haber perdido todo su dinero, que, en ocasiones, puede elevarse a decenas de millones de pesos, con todas las consecuencias esperables: experimentar rabia, ira, sentimientos de agresión, enojo y vergüenza consigo mismo (con ideación suicida incluida).
En este sentido, existe un axioma en psicología que señala que la frustración genera agresión y la agresión genera violencia, y qué mayor grado de frustración, que saber que el casino se “ha quedado con todo mi dinero”, tal como lo señalan algunos pacientes en la consulta, proyectando así el ludópata en los empleados y en la empresa su propia cuota de irresponsabilidad, así como su incapacidad de controlar sus impulsos, estando la tragedia a la vuelta de la esquina.
¿Por qué razón señalo esto? Muy sencillo. Si bien los trabajadores de los casinos reciben cursos y talleres de capacitación con el fin de que dichos trabajadores puedan interactuar, alternar y lidiar con visitantes VIP de mucho poder económico, con clientes difíciles, con sujetos con personalidad violenta, así como con personas que pueden estar bajo la influencia del alcohol y de las drogas, ello no es obstáculo alguno para que algunos de estos tipos de sujetos, tal como ya se ha visto en varias oportunidades, no se deje transportar por su rabia, ira, baja tolerancia a la frustración ante lo que significa perder todo un patrimonio y –literalmente– perder hasta la camisa.
Es por ello, que ante el alto grado de inseguridad e incertidumbre que existe frente a un sujeto frustrado, con mucha ansiedad y  rabia, y que se puede encontrar, incluso, bajo la influencia del alcohol y las drogas, no hay regla, principio o normativa que aguante o resista un análisis, ya que para este tipo de situaciones, siempre está presente el temor y el miedo ante el comportamiento irracional de algunos cliente, quienes, tal como se ha podido demostrar a través de las declaraciones de diversos trabajadores de los casinos de juego que han sido entrevistados, entran premunidos con armas de fuego a las instalaciones, lo cual, los convierte en posibles actores y protagonistas de situaciones dramáticas con finales poco felices, tal como hemos podido constatar en este último tiempo, realidad que dio la pauta para que muchos empleados de los diversos casinos hicieran ver ante la opinión pública diversos casos que estuvieron a punto de convertirse en nuevos dramas humanos, donde los perdedores finales no son los ludópatas, sino que el entorno cercano en el cual se desenvuelve el sujeto, entre los cuales, tanto los empleados del casino, así como la familia del ludópata son los más afectados.
Dicho sea de paso: ninguna ciudad que tenga un casino de juegos de apuestas está exenta del peligro real que implica recibir en las instalaciones de los diversos casinos a nivel nacional a los numerosos ludópatas que existen en nuestro país.
Digamos finalmente, que a raíz de los desgraciados sucesos en Casino Monticello, con tres muertos y cuatro heridos –seis de ellos personas totalmente inocentes y que nada tenían que ver con la frustración que embargaba al veterinario–, la luz de alarma ya ha sido dada, alarma que, en el corto plazo, debería transformarse en una serie de medidas de seguridad preventivas y disuasivas.
En tanto que a los ludópatas, sólo resta decirles que su mejor opción, es la de buscar ayuda profesional cuanto antes, de otra forma, su destino es uno solo y éste no pinta muy favorablemente, que digamos, a saber, perder a su familia, su hogar, su dinero, su trabajo, su dignidad personal y, en ocasiones, incluso su vida.

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