lunes, 19 de junio de 2017

DESARROLLO ECOMÓMICO LOCAL Y COMERCIO JUSTO

Guido Asencio Gallardo
Académico, Doctorando en Administración de Empresas.

El Comercio Justo (CJ) corresponde a la modalidad de un sistema alternativo de comercio, que tiene por finalidad dar mayores garantías en el proceso de generar transacciones entre productores y consumidores de cualquier lugar.

Una de las características del CJ, está dada por la búsqueda de equidad al momento de realizar cualquier tipo de negociación, colocando como prioridad, establecer un sistema solidario que satisfaga necesidades, utilizando reglas claras y justas ayudando a combatir los índices de pobreza y desigualdad social.
Dentro de las preocupaciones abordadas por el CJ, se encuentra el análisis de todo tipo de relaciones generadas en una transacción comercial, incluyendo particularidades como: trato a los trabajadores (condiciones laborales, capacidad de sindicación, higiene y seguridad, entre otras), resguardo del cumplimiento de normativas empresariales, teniendo como premisa un criterio de sustentabilidad, para resguardar su entorno.
En esta instancia se quiere plantear la importancia del CJ y su influencia en el Desarrollo Económico Local (DEL), buscando parámetros que tiendan a dar equidad a las relaciones comerciales, mediante la práctica de acciones virtuosas, beneficiando, no tan sólo a un mercado en particular, sino involucrando en toda su dimensión, al territorio local donde se desenvuelve, incluyendo prácticas del comercio urbano, así como también el rural de las ciudades.
Sin lugar a dudas, la regulación de los mercados locales, requiere de una institucionalidad fuerte, garantizando el cumplimiento de ciertas premisas que, en general, resguardan la generación de desviaciones pavimentando el camino de una sana convivencia mercantil, evitando la concentración, la proliferación de  monopolios, monopsonios, oligopolios, oligopsonios, etc.
En definitiva, un sin número de prácticas haciendo que los consumidores tengan razones suficientes para cimentar un ambiente de desconfianza de manera generalizada, fundado principalmente en la actual cultura de competencia, donde gana el más fuerte –en tanto- el más poderoso económicamente o dicho de otro modo, el pez más grande se come al más pequeño, traducido esto al ámbito empresarial, las entidades de menor tamaño quedan desplazadas en cuanto a la obtención de beneficios, ayudando a mejorar sus condiciones en el actual sistema económico.
Por tal motivo, es importante pensar en regulaciones más eficientes incorporando prácticas proactivas, asumiendo la premisa de que el mercado abierto y sin reglas establecido y profundizado por los economistas neoliberales del siglo XX y persisten hasta nuestros días, no ha favorecido nunca a las personas ni empresas más vulnerables, porque la llamada “mano invisible” del filósofo Adam Smith, solamente ha permitido la concentración de capitales, desechando la gran  promesa contenida en estas políticas económicas  de generar un derrame hacia quienes más lo necesitan.  En este contexto, resulta legitimo analizar otras formas de enfrentar los mercados, creando nuevos paradigmas, cimentando un ambiente de colaboración más que competencia.
En el ámbito local, quienes deben tomar las riendas en materia de regulación, naturalmente son los municipios, por medio de sus gobiernos locales, están llamados a hacerse cargo de las diferentes modalidades manifestadas en el desarrollo de negocios que comprenden su territorio, donde es posible dilucidar la posición de tres finalidades, las cuales pueden potenciar su existencia.  En primer término, asegurar la estabilidad de los negocios, para garantizar ingresos permanentes en arcas fiscales mediante la generación de impuestos directos, como son las patentes comerciales.  En segundo orden, se encuentra materializar el rol fiscalizador, tiene por finalidad regularizar las relaciones comerciales existentes. En tercer lugar tiene el deber de fomentar el establecimiento del comercio local, a lo cual, si se le agrega el concepto de CJ, se deben adosar criterios de inclusividad, asociatividad, cooperativismo, transparencia, entre otros que favorezcan prácticas de bien común.
En efecto, si se analizan los aspectos regulatorios, descritos anteriormente, existe una carencia de proyección real hacia el fomento productivo local, donde las preocupaciones están centradas en aspectos normativos, que son necesarios, pero en su esencia, no buscan incentivar de manera explícita el consumo interno, que en términos relativos, constituye una forma manifiesta de entregar beneficios directos a la economía local, considerando la gran mayoría de empresas locales se encuentra estratificada entre los segmentos de micro, pequeña y medianas empresas, que en estudios a nivel nacional, sabemos constituyen un motor de crecimiento para los países en vías de desarrollo.
En el apelativo de crecimiento, es donde me quiero detener, debido a que la concepción de CJ, viene a entregar argumentos validando un crecimiento con desarrollo justo y equitativo, por lo tanto, las condicionantes añadidas para mantener y proyectar a los negocios locales, quieren mostrar un afán de colaboración   reemplazando a la clásica competencia, que caracteriza en general el estudio de los mercados, buscando entregar respuestas a preguntas tan cotidianas respecto a lo que consumimos, como: ¿cuál es el origen?, ¿en qué condiciones se fabrican?, ¿por qué tienen un determinado precio?, ¿cuánto le pagan a los trabajadores d los procesos productivos?, ¿cuánto contaminan los bienes?
Como se puede apreciar son muchas las preguntas, lo importante es tomar conciencia de que consumimos tiene un origen legítimo, si cumple con normativas legales y éticas buscando satisfacer nuestras necesidades sin el sacrificio desmedido de otros, como ocurre con la maquila encargada por los países desarrollados, utilizando mano de obra barata para sus grandes producciones, con el objetivo de disminuir considerablemente sus costos.
Los beneficios colectivos son más trascendente si se miran desde cerca, pues las postulados del CJ, buscan garantizar las condiciones laborales de las personas y los salarios sirvan para vivir con dignidad, eliminar todo práctica de explotación infantil, paridad de género en las empresas e instituciones, respeto al medioambiente, creación de oportunidades para productores más vulnerables, resguardar que los contratos en las prácticas comerciales se cumplan, transparencia en las relaciones comerciales,  fortalecimiento de las organizaciones tanto sindicales como gremiales, entre muchas otras, que buscan equilibrar la forma de cómo se mueven las economías locales y se fortalecen, para alcanzar su desarrollo acompañado de una mayor justicia social.
Se debe destacar que el CJ, no es una modalidad inventada recientemente, pues presenta precedentes a nivel internacional desde los años 60’, basado en principios éticos justificando su proliferación en todo el mundo.  En consecuencia, todas estas propuestas tienen como foco fundamental incentivar la práctica de acciones concretas para motivar el establecimiento de mercados más justos, considerando la importancia de preferir de productos y/o servicios locales, para aportar a una economía desarrollada desde adentro, como lo recomiendan las teorías de desarrollo local en diferentes países que se encuentran en vías de desarrollo.



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