domingo, 7 de mayo de 2017

Emociones políticas para una post democracia en Chile

Isabel Mayorga Muñoz
Periodista
Candidata a Doctora en Comunicación

Desde las ciencias sociales resulta comprensible que la identidad  tenga el  poder de generar grandes o pequeñas transformaciones en niveles interpersonales  y estructurales de cualquier  sociedad, la razón es simple : aquello que nos hace sentido,  escapa a una lógica racional, porque es parte de nuestra naturaleza emocional.


 Y aunque en  la academia esto sea percibido como  expresión de una naciente era post democrática, el proceso no es  nuevo si consideramos que nuestras  emociones están relacionadas con una forma determinada de hacer y comprender la  política.

Basta recordar a Mahatma Gandhi, Abraham Lincoln,  Martín Luther King y muchos otros líderes que, a través de sus discursos y acciones,  tuvieron la capacidad de inspirar y despertar diversas emociones en  la ciudadanía como una forma de estrategia  legítima de  aspirar a la justicia y la igualdad  de oportunidades .

La experiencia de estos ejemplos de reivindicaciones dan cuenta de que cualquier principio, hecho o inspiración  política, ya sea en un sentido positivo o negativo,  requiere para su materialización  de un componente emocional  que garantice su supervivencia en tiempo. En consecuencia, el cultivo de determinadas emociones políticas es central para cualquier sociedad  post democrática que pretenda evitar  en su interior procesos de fraccionamiento y jerarquización extrema.

Para  la filósofa  Martha Nussbaum,  dos son los requisitos para el desarrollo de emociones políticas  de una sociedad saludable:  por una parte la generación de un compromiso fuerte , donde el esfuerzo y el sacrificio se orienten a objetivos comunes como pueden ser la redistribución social,  la inclusión plena de grupos anteriormente excluidos o marginados, la protección del medio ambiente, entre otros; el segundo punto hace referencia a mantener bajo control fuerzas  negativas promovidas por  emociones como:   envidia,  intolerancia, deseo de avergonzar a otros, exclusión,  racismo y  homofobia.

En este sentido,  es posible advertir que,   aún cuando una sociedad no haya caído  en una espiral de emociones negativas, estas fuerzas permanecen de manera latente para lo cual es importante que sean  contrarrestadas por una  educación  con base en una cultura política pública nacional, donde sus integrantes sean representados por líderes  con capacidad de lidiar de una forma  ética y emocional  con la pasión  desmesurada por el control y excesiva ambición de poder en todos los niveles.

Así, una emoción política positiva que sea  cultivada  de manera constante  permite  regular el fenómeno social extremo de auto legitimación  democrática,   cuya ideología de las libertades y disidencias políticas inocuas poco aportan a la construcción de una sociedad  capaz de  desarrollar una cultura política pública nacional que permita a sus ciudadanos encontrase  en un proyecto ético integrador.

En consecuencia, para afrontar los desafíos y necesidades de una era donde la negación del individuo y sus diferencias  es el síntoma de una politización excesiva  que  crece y se nutre bajo   la  lógica  de amigo-enemigo,  es importante considerar que en un año de elecciones políticas en Chile  nuestro  voto   tendrá  la capacidad de excluir o integrar  aquellas  propuestas  de candidatos  cuyos discursos esconden o develan  emociones  capaces  de  obstruir  o  abrir el progreso y desarrollo  de nuestra sociedad  post democrática.

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