lunes, 22 de mayo de 2017

EL ESTRÉS ¿CÓMO AFECTA A NUESTRA SALUD FÍSICA Y MENTAL? (Parte II)

Dr. Franco Lotito C.  –  www.aurigaservicios.cl
Académico, investigador y escritor

“Todo estrés, ansiedad y depresión, son causados cuando vivimos para complacer a los demás” (Paulo Coelho, escritor y dramaturgo brasileño).


Tal como señalé en el primer artículo sobre el estrés (Parte I), los problemas que está en condiciones de desencadenar este trastorno  pueden ser múltiples y variados, especialmente, cuando uno piensa que el ser humano es una unidad psico-física-espiritual, en función de lo cual, tenemos de partida –a lo menos– dos componente sobre los cuales puede tener graves repercusiones, a saber, la salud física y la salud mental de las personas. Lo anterior, sin dejar de considerar –para los más creyentes– el aspecto más trascendente del ser humano: su espíritu. Por lo tanto, la prevención, el autocuidado y la prudencia son algunos de los rasgos que deberían incentivarse y practicarse en la población con la mayor fuerza posible.
Por lo mismo, los daños –o el aumento de la sintomatología– que puede provocar el factor estrés cuando es intenso, crónico y prolongado, repercute fuertemente –tal como lo documenté en mi libro “Estrés: el azote del siglo XXI”–, en distintos niveles y funciones del organismo, entre los cuales, se pueden mencionar los siguientes:

1. A  nivel cerebral y psicológico: fatiga, dolores de cabeza, jaquecas, migrañas, llanto, depresión, ataques de angustia (de ansiedad) o pánico, insomnio, hipersomnia, aumento de la irritabilidad, pérdida de la capacidad de concentración, incremento de la susceptibilidad, presencia de rebeldía, fuertes sentimientos de culpa, pérdida de confianza en sí mismo, fallas y lagunas en la memoria, sentimientos de furia, agresión y hostilidad, embolias.
2. A nivel del sistema digestivo o gastrointestinal: úlceras estomacales, úlceras duodenales, cólicos, colon irritable, náuseas, diarrea, constipación, colitis, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, gastritis, ardores de estómago, sequedad en la boca, cambios en los hábitos alimenticios. Además, el cortisol, que es una hormona asociada directamente al estrés, puede aumentar el apetito en las personas y causar un notable aumento de peso.
3. A nivel cardiovascular: aumenta la frecuencia de los latidos del corazón, dolores en el pecho, lipotimia (o pérdida repentina y pasajera del conocimiento),  aparición de palpitaciones, arritmias cardíacas, alza de la presión arterial, se elevan el colesterol y los triglicéridos, todo lo cual aumenta el riesgo de infartos cardíacos y de accidentes cerebro-vasculares.
4. A nivel de la dermis: empeora las condiciones dermatológicas como la psoriasis, eczemas, urticaria, prurito y acné; acentuación de irritaciones cutáneas, alopecia (o caída del cabello), inflamaciones y ronchas; vitíligo. Hay sudoración excesiva, rubor facial, palidez, color gris de la piel.
5. A nivel respiratorio: se produce una fuerte agitación, falta de aire, sensación de sofocación, respiración rápida o entrecortada,  emisión de quejidos y múltiples suspiros.
6. A nivel del sistema inmunológico: resistencia disminuida a las infecciones; las personas se tornan susceptibles a los resfríos y se incrementa, incluso, el peligro de aparición de síntomas cancerígenos. En personas con enfermedades autoinmunes como el lupus, el estrés agrava la condición.
7. A nivel del sistema nervioso: la persona se siente agitada, tensa, ansiosa, y con el tiempo puede incluso desarrollar una depresión (que es considerada por la O.M.S. como una de las enfermedades que a futuro afectará a millones de personas en el mundo entero). Se producen trastornos en el deseo sexual, y aumentan los problemas con el dormir. En el caso específico de las alteraciones del sueño, la experiencia del insomnio se ha hecho parte de la cultura de la humanidad, y se puede presentar bajo tres formas: a) el insomnio precoz o de conciliación, que corresponde a la dificultad para quedarse dormido, b) el insomnio tardío o de despertar precoz, que se produce habitualmente al final de la noche, y que corresponde a un despertar anormalmente temprano, c) el insomnio medio, que son aquellos despertares reiterados durante la noche, y que no son el resultado de causas definidas tales como la necesidad de dirigirse al baño, o motivados por el llanto de un hijo o por un ruido sospechoso.
Cada uno de estos trastornos del sueño tiene una valoración clínica distinta y pueden estar asociados con diferentes tipos de problemas. Otro serio inconveniente ocasionado por el hecho de dormir poco, se relaciona con el hipocampo, una zona del cerebro que participa directamente en la formación y resguardo de los recuerdos y la memoria.
Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, puso al descubierto que la falta de sueño induce al cerebro a dejar de producir células nuevas. Los resultados analizados sugieren que  cuando se elevan los niveles de la hormona del estrés como consecuencia de la falta de sueño o incapacidad de dormir, esta condición inhibiría la producción de nuevas células en el cerebro de la persona adulta, afectando la capacidad de memoria, tanto en la recuperación de datos, información o recuerdos, como así también en la capacidad de almacenar información.
Por lo demás, es un hecho conocido, que en condiciones de estrés muy marcados, el desempeño normal de los sujetos tiende a empeorar y verse afectado, con abundancia de bloqueos, confusiones, errores e imprecisiones. Al revés de lo anterior, según estudios de científicos de la Universidad de Düsseldorf, en Alemania, el hecho de realizar una breve siesta diaria de unos 10 minutos, permite a las personas mejorar los procesos mentales, elaborar selectivamente la información y tener un mejor desempeño de la memoria, en comparación con aquellos sujetos que no hacen siesta.
8. Alteraciones varias: del apetito (asociadas a la anorexia y bulimia), trastornos respiratorios, ataques de asma, alteraciones conductuales (apatía, hiperkinesia, irritabilidad, exasperación), bruxismo (diurno y nocturno), disminución de la función renal, tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, musculatura contracturada (zona cervical, zona lumbar), alteraciones de tipo sexual (baja de la libido y de la motivación, desempeño o rendimiento sexual afectado, vida sexual insatisfactoria o poco placentera, etcétera), aspecto descuidado y demacrado; agitación motora, manos temblorosas y tics nerviosos; trastornos de la micción (retención urinaria, enuresis).

Es necesario consignar que las reacciones ante los factores que desencadenan el estrés, son particulares y propias de cada persona (hombre o mujer), pudiendo cada individuo reaccionar de manera distinta frente al mismo estresor. En los varones, por ejemplo, el efecto acumulado de un estrés crónico puede reflejarse en serias disfunciones sexuales que van desde la falta de deseo (o deseo inhibido), pasando por un desempeño sexual insatisfactorio (eyaculación precoz) hasta la incapacidad para generar una erección, en tanto que en las mujeres, en quienes los efectos de vivencias estresantes pueden pasar inadvertidas desde el punto de vista fisiológico en el ámbito sexual, sí son visibles desde el punto de vista emocional o motivacional: ellas pueden expresar falta de deseo, aducir algún malestar o  dolor de cabeza, o por el contrario, someterse al requerimiento del varón, y vivir el acto sexual como un “dejar hacer”, sin experimentar alguna sensación de placer.
En otras personas, las diversas reacciones frente a situaciones tensionantes, también pueden estar influenciadas por la carga genética del sujeto: existen familias, donde las úlceras estomacales, el colon irritable, el insomnio, los ataques cardíacos, la esquizofrenia, la depresión o las enfermedades cancerígenas son tradiciones familiares. Otro ejemplo muy llamativo, es el vitíligo, una enfermedad autoinmune del organismo de carácter degenerativo que afecta a la piel, que aparece generalmente en las manos, pies y algunas zonas de flexión y extensión como los codos y las rodillas –en algunos casos se produce también en la cara y cuello de las personas– y que se origina por vivencias, principalmente, de estrés. Por lo que se ha determinado, situaciones marcadas por el estrés conducen, en ciertos individuos, a que los melanocitos dejen de producir melanina, la sustancia responsable del proceso de pigmentación de la piel. En relación con este trastorno, no existe ningún tipo de documentación que implique la existencia de un determinado tipo de “perfil” para que se gatille la enfermedad, ni tampoco que se deba a rasgos específicos asociados a la raza o el tipo de piel. Simplemente se da en algunas personas y en otras no.
Frente a todos estos numerosos trastornos que han sido identificados y descritos, no queda otra conducta razonable que la de tomar todas las precauciones y medidas preventivas posibles para evitar que usted también se convierta en una de aquellas personas afectadas por el estrés, es decir, el nuevo azote del siglo XXI.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.