domingo, 18 de diciembre de 2016

Importancia del Arte y la Cultura para el Desarrollo Económico Local

Guido Asencio Gallardo
Doctorando en Administración
Académico de la Universidad de Los Lagos

En estas líneas trataré de dilucidar la importancia del arte y la cultura para la civilización humana, y conectarlo con el Desarrollo Económico Local (DEL), desde la perspectiva de la creación de una necesidad de conservar la cultura local, en pos de crear las condiciones que lleven a justificar cualquier progreso económico, bajo la premisa de preservar, en toda su dimensión,  factores culturales intrínsecos en un territorio en particular.

Comenzaré expresando que no es una tarea fácil, debido a que estos términos involucran horizontes que van más allá de las clásicas fronteras que delimitan un territorio, sin embargo el sentido identitario de  una expresión artística, puede resultar interesante para destacar la riqueza de una localidad, con el fin de identificar elementos claves que le den un sentido a las condiciones económicas y culturales de un espacio-lugar.
La Real Academia Española (RAE) define arte como “capacidad, habilidad para hacer algo”, así como también como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”.  Ciertamente estas definiciones nos dan luces para plasmar el amplio sentido del concepto, el cual se encuentra presente en todo nuestro quehacer cotidiano, buscando un espacio que alimenta a la imaginación, interpretada desde diferentes perspectivas, lo cual constituye un elemento sustancial para graficar el mundo que nos rodea.
Por su parte la cultura se expresa como un conjunto de creencias, formas de vida y valores que se manifiestan de manera colectiva, por lo tanto, tiene una relación directa con el desarrollo y la tradición de un país, donde no es posible disociar la disciplina económica propiamente tal, pues los elementos que la constituyen expresan la idiosincrasia de un territorio, reconociendo una dependencia, muchas veces olvidada, por las ciencias sociales.
Con el arte se expresan sentimientos humanos que se conectan con materias de las llamadas “bellas artes”, permitiendo elevar el espíritu de las personas, y es aquí efectivamente donde lo relaciono con la importancia que tiene para  aportar a la generación de identidad, debido a que la cultura actúa como espejo de expresión que identifica las formas de vida de las personas y -en este contexto- actúa como reflejo del quehacer cotidiano de una localidad, creando un conexo con las artes, a través de la exaltación de formas para mostrar elementos intangibles de un territorio, tales como; sentimientos y expresiones que marcan etapas, épocas alojadas en el imaginario colectivo y que tienen la necesidad de ser mostrados para darle sentido a la razón de ser de un territorio.
A lo largo de la historia de la humanidad han existido distintas expresiones de las artes que marcan épocas importantes, las cuales sirven para rememorar el pasado, valorar el presente y proyectar el futuro, constituyendo una fuente inagotable de hechos que demuestran que el ser humano, desde sus inicios, ha buscado la perfección, a través de la construcción de obras que perpetúan diferentes maneras de vivir en sociedad.
La forma de conectar la cultura y el arte con el DEL, está dada con el papel que cumple la necesaria cohesión social, que tiene su génesis en la configuración de un espacio-lugar, donde diferentes actores de la sociedad tienen la posibilidad de confluir en intereses comunes que beneficien su entorno, donde surgen temáticas que involucran aspectos como; la diversidad cultural, la integración de migrantes, la igualdad de género, la migración campo ciudad, las cuales deben ser reconocidas como factores fundamentales para la toma de decisiones en un territorio.
En términos generales, es difícil concebir una política pública de DEL desarraigada de la dimensión cultural, puesto que intrínsecamente se sostiene una conexión directa o indirecta con las aspiraciones sociales, donde la ciudadanía, a través de la participación ciudadana, busca revindicar los temas que son relevantes para el desarrollo desde sus propias perspectivas, lo cual tiene sintonía también con el genuino reclamo relacionado con las desigualdades sociales y económicas existentes en nuestro país como en tantos otros.  En este sentido, la prevalencia del rol que cumplen los mercados de bienes y servicios, por sobre los valores culturales debe tener sus propias limitaciones, reconociendo que la trascendencia de lo cultural es mucho más perecedera que la mera transacción de bienes y servicios, que se generan con el supuesto ánimo de mejorar la “calidad de vida” de las personas, pues en la instancia donde se le agrega un factor cultural a tales accionares, es posible avanzar hacia un “buen vivir”, que va más allá que la satisfacción de una necesidad mediata, con esto cobran importancia los valores por sobre los intereses.
El DEL tiene una mayor trascendencia cuando se piensa de manera colectiva- en tanto cultural- lo cual ayuda al desenvolvimiento coherente de fenómenos sociales que ocurren en el diario a vivir, haciendo recobrar el importancia que tiene el concepto de valorar los aspectos intrínsecos de las personas, un ejemplo de esto lo pueden representar  quienes vienen en los lugares más apartados del país, como son las Isla de Chiloé, de Pascua, Tierra del Fuego, etc., representando culturas caracterizadas por resaltar creencias, mitologías, fábulas y leyendas, considerando a la metafísica como parte central de sus constructos, pues ahí se configura una la forma concreta de manifestar la riqueza de un lugar o territorio en particular,
Es sabido que la globalización en general de la economía, ha favorecido los intercambios a nivel mundial, respecto a información, ideas, creencias y valores, sin embargo, la importancia de buscar las prerrogativas que ofrece el arte y la cultura, está en rescatar lo local, bajo la premisa de que abren caminos hacia la voluntad de apreciar lo sustantivo que representan, que no es dar soluciones a conflictos ni problemas, sino que a la contribución de crear escenarios que puedan dar lugar a la reflexión y a una convivencia más amena del ser humano.
En definitiva, el desafío está en pensar el DEL desde una perspectiva más holística, que independientemente de las limitaciones territoriales, considere los elementos preciosos de la tradición de un espacio-lugar, entendiendo que el progreso económico, no viene determinado solamente por el crecimiento y desarrollo sin sentido, sino que debe estar fundamentado por la preservación del arte y la cultura, desde una noción de largo plazo, que sin duda, asegura la trascendencia de los valores de las personas que componen un territorio.



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