domingo, 2 de octubre de 2016

LA BIOÉTICA, O LOS DERECHOS DE LOS PACIENTES EN CLÍNICAS Y HOSPITALES PÚBLICOS

Dr. Franco Lotito C.  –  www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)

La primera riqueza es la salud. Cuídala.” (Ralph Waldo Emerson).

“Los médicos administran fármacos de los que conocen poco, para enfermedades de las que conocen aún menos, a seres humanos de los cuales no conocen nada” (Voltaire, escritor, filósofo, historiador y abogado francés del siglo XVIII)



La bioética es una rama de la ética que se preocupa de establecer las normas y principios para la conducta apropiada y correcta del ser humano respecto de la vida, tanto de la vida humana como no humana (animal y vegetal).
La bioética aplicada a la medicina tiene a la base cuatro grandes principios rectores: la autonomía del paciente, relacionada con el derecho de la persona a decidir por sí misma,  la beneficencia, es decir, actuar en beneficio de las personas, promoviendo los legítimos intereses del enfermo, la no maleficencia, a saber, abstenerse de realizar acciones que puedan causar daño o perjudicar a otros, bajo el principio de primum non nocere, es decir, lo primero que debe primar es no dañar al paciente y, finalmente, la justicia, donde se exige tratar a cada persona enferma de una manera apropiada –y como corresponde– a su dignidad y condición de ser humano, impidiendo todo tipo de  discriminación y trato desigual (Siurana, 2010).
En este contexto, es preciso destacar dos cosas:
1. Los principios de la no maleficencia y la justicia, deberían aplicarse no sólo a los pacientes y enfermos, sino que debería incluir también a TODO el personal administrativo de los hospitales públicos y clínicas privadas, ya que el maltrato, el trato indigno y denigrante que da una parte de los médicos hacia el resto de los funcionarios de “menor categoría” (que incluye a enfermeras, kinesiólogos, auxiliares, secretarias, etc.) repercute –directa o indirectamente– en forma negativa sobre los miles de enfermos que acuden por ayuda y en busca de alivio a sus males a los hospitales y clínicas privadas. Es en función de esta triste realidad,  que resulta inapropiado, incomprensible y muy injusto que dichos funcionarios se sientan obligados a repartir por todas las dependencias, salas y oficinas de los hospitales y centros de salud, grandes y visibles carteles con la frase: ¡NO AL MALTRATO!
2. Ahora bien, cuando hacemos referencia a la autonomía del paciente, lo que se intenta destacar, es hacer hincapié en que el enfermo no es un simple ente  u objeto inerte que debe someterse a la voluntad, presiones y mandatos externos –ya sea por parte del médico tratante, del hospital o la clínica donde se encuentre internado el paciente–, sino que es una persona dotada de razón, inteligencia y capacidad para entender las cosas a las cuales se enfrenta, de voluntad para decidir por sí misma y provista de una dignidad que no puede ser pasada a llevar. Y esto debe prevalecer por sobre todas las cosas.
¿Por qué razón destaco esto? Porque la medicina contemporánea se ha empecinado últimamente –de una  manera algo tozuda–, en tomar en sus manos todo el control del tratamiento y proceso terapéutico relacionado con aquellos pacientes aquejados de enfermedades graves, con el expreso deseo de que dichos pacientes permanezcan en un estado  receptivo-pasivo (o cuasi zombi), y que no intenten interferir,  “molestar”  y/o cuestionar el accionar del médico tratante. Una situación que, en ocasiones, puede ser un total y gran desatino.
El  comportamiento pasivo de los pacientes puede convertirse en un factor adicional de que algunas de estas personas terminen falleciendo de manera innecesaria a raíz de las enfermedades que las afectan, razón por la cual, estas personas deben entender que  ellas mismas son, en última instancia, los principales responsables de su salud. Frente a esta situación, lo que debería suceder con las personas enfermas es exactamente LO OPUESTO.
Me explico. Por parte del paciente, esto implica: a) adoptar una conducta proactiva de preguntar TODO lo que sea necesario saber, b) investigar todas aquellas alternativas posibles de tratamiento que sean ad hoc a su caso particular, sin quedarse solamente con aquello que le indique el médico, c) tomar todas las decisiones de manera informada, bajo el “principio de la autorresponsabilidad”, d) cuestionar –si es necesario– aquello que plantea el médico, e) buscar siempre una SEGUNDA OPINIÓN (Kroiss, 2009).
La razón de plantear lo anterior es muy simple. El doctor en medicina Mark L. Graber –un líder internacional en el campo de la seguridad para los pacientes–, hace hincapié en que nos preocupemos seriamente de evitar ser víctimas de casos de negligencia médica y errores de diagnóstico (Graber, 2005, 2013).
Una de las últimas investigaciones del Dr. Graber entregó como resultado que existía un porcentaje que iba entre el 10 y el 20% de diagnósticos  médicos equivocados, en tanto que una encuesta realizada a más de 2.000 pacientes puso en evidencia, que –cito textual– el “principal temor del 55% de los pacientes encuestados era ser víctima de un error de diagnóstico médico” (Graber, 2013).
Al respecto de lo anterior, he de decir que no se trata aquí de alertar a las personas sobre algo tan delicado de manera superficial y sin fundamento, sino que decir la verdad, de acuerdo con las investigaciones que decenas de expertos han realizado sobre este tema, aunque esta verdad duela o “suene” –para algunos– un poco dura. La idea de fondo, es entregar la máxima información que sea posible a los lectores, de modo tal, que cada uno tenga nociones claras de qué cosa estamos hablando, con el objetivo final, que la persona interesada pueda tomar responsablemente una decisión personal, con conocimiento de causa.
Si tomamos una enfermedad grave y complicada como un cáncer por ejemplo, las decisiones que tomen los pacientes adquieren una enorme relevancia, por cuanto, las personas se juegan, nada menos, que la vida. Es demasiado relevante como para tomarse el asunto muy “a la ligera”.
La idea, entonces –y aquí es donde surge la importancia de la información que entrego en esta líneas, así como de aquellos autores que cito y las reflexiones que hago– es que la salud y las esperanzas de vida de los pacientes aumenten de manera notable, y no que se vean coartadas o restringidas por  desidia personal, por la falta de información, o de información falsa, distorsionada o incompleta.
En definitiva: nosotros somos directamente responsables de nuestra propia salud, razón por la cual, siempre debemos tomar decisiones informadas, al mismo tiempo que poner máxima atención a nuestros derechos como pacientes, derechos que la bioética aplicada a la medicina ha dejado muy claros y muy bien establecidos en todos los países del mundo, incluido el nuestro.

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