domingo, 4 de septiembre de 2016

LEYES “ESPECIALES” PARA LOS POLÍTICOS: HOY, YA DA LO MISMO HACER LAS COSAS BIEN O MAL


Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)
                         
“¡Que se vayan todos!” (Frase reiterada que circula en las redes sociales)


Si hay algo que le pasa la cuenta a una nación –especialmente cuando ésta pertenece al tercer mundo o a “países en vías de desarrollo”, como es el caso de Chile–, ese “algo”, es la corrupción y la costumbre de hacer las cosas muy mal.
El concepto  de corrupción se vuelve muy significativo, cuando nos encontramos con lo que dos políticos chilenos identificaron en el año 2006 como la “ideología de la corrupción”. Estos dos políticos –Edgardo Boeninger de la Democracia Cristiana y Jorge Schaulsohn del Partido por la Democracia– estuvieron a punto de ser quemados vivos en la hoguera por sus correligionarios de partido, al igual que lo hiciera la Santa Inquisición con cientos de miles de “herejes” inocentes.
Boeninger y Schaulsohn fueron los herejes de la antigua Concertación que tuvieron la desfachatez de confesar ante la opinión pública la existencia de la  “ideología de la corrupción” que comenzaba a afectar a la clase política y al país, ya en el año 2006, bajo los gobiernos de Ricardo Lagos Escobar y Michelle Bachelet Jeria. Schaulsohn y Boeninger fueron unos verdaderos adelantados de su tiempo, y a quienes, todos nosotros deberíamos ir a prender algunas velas en honor a su apego irrestricto a la verdad.
Sin embargo, esta VERDAD INCÓMODA revelada en una entrevista en diciembre de 2006 le costó a Schaulsohn la expulsión del PPD, así como la  marginación y una serie de amenazas a su integridad física y psicológica, condición que junto a problemas económicos, terminaron con Schaulsohn sufriendo un  infarto cardíaco, y luego, el desarrollo  de un cáncer al hígado.
¿Qué era la “ideología de la corrupción”? Una ideología creada al interior de la Concertación (o Nueva Mayoría) para usufructuar a destajo y sin control alguno de los fondos públicos del Estado para uso exclusivo y en beneficio de los intereses particulares del oficialismo, lo que significaría el derrumbe moral de la política, el desprestigio de los políticos, así como un fuerte sentimiento de injusticia social y económica por parte de la ciudadanía.
Como consecuencia de lo anterior, habrían dos tipos de chilenos: los ciudadanos de a pie y el club de los políticos con sus propias leyes, regulaciones y privilegios especiales. Fueron palabras proféticas que se convertirían pocos años después, justamente, en una profecía totalmente cumplida. Si alguien tiene dudas, sugiero revisar esta entrevista:
http://www.emol.com/noticias/nacional/2006/12/27/240263/la-entrevista-que-le-costo-la-expulsion-del-ppd-a-jorge-schaulsohn.html

¿Los fundamentos para la afirmación consignada más arriba? Muy simples. La corrupción:
(a) Coopera generosamente para perpetuar la pobreza de una parte significativa de la población de un país.
(b) Es una forma perversa de “distribución” de la riqueza, ya que dilapida recursos y afecta los niveles de vida de la población.
(c) Erosiona de manera permanente la credibilidad pública de quienes dirigen los destinos de una nación.
(d) Planta la semilla de la desigualdad ante la ley, porque logra que la clase política termine siendo “amparada” y protegida por el nepotismo político existente, así como por la indulgencia y la conducta de prevaricación de algunos jueces serviles al sistema.
(e) Permite la existencia de una desigualdad extrema entre los pocos “muy ricos” y los “muchos muy pobres”.
(f) Conduce, normalmente, a que las cosas se hagan siempre muy mal o de manera improvisada y, finalmente,
(g) Hace hervir la sangre de los ciudadanos, expuestos al abuso reiterado por parte de una élite política y económica que sólo se preocupa de servir a sus  propios y egoístas intereses.

“¡¡QUE SE VAYAN TODOS!!”: ésta es una de las frases más reiteradas que hoy en día se encuentra circulando de manera profusa en las redes sociales de todo Chile, exigiendo la salida de los políticos y gobernantes corruptos de este país, herido y maltratado por la aborrecible colusión de su clase política –indistinto de su color e ideología– con la élite económica, a quienes se acusa de ser una “tropa de sinvergüenzas” que está saqueando y robando a destajo al país y que representa la causa principal de muchos de los males que hoy tenemos en salud, educación y economía, males que pueden terminar hundiendo a este hermoso país en una de las peores crisis de su historia.
El serio problema político y económico por el que  atraviesa el país, ha sido refrendado por la colorida frase expresada el día 25 de agosto por boca del mismo Presidente Ejecutivo de Codelco, Nelson Pizarro, quién, ante las cámaras de televisión, afirmó que “no hay un puto peso” en las cajas de la cuprífera nacional, empresa que representa “el sueldo de Chile”. Esta frase dejó estupefacto y en un estado de incredulidad a millones de chilenos. Sin embargo, sólo horas después, la declaración de Pizarro fue reafirmada por el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, quién expresó que, efectivamente, no había un (puto) peso en las cajas de Codelco, sólo un tremendo forado y un gran hoyo negro que se está llenando con las  millonarias pérdidas que ahora está produciendo la mayor empresa cuprífera del mundo.
Por lo tanto, entre: (a) los problemas económicos que enfrenta Chile, (b) el descrédito absoluto de los partidos políticos (que no se creen ni entre los mismos integrantes de las propias coaliciones), (c) el paupérrimo respaldo ciudadano de 15% a  la presidenta Bachelet, quién representa –supuestamente– el más alto liderazgo institucional, da pie para convertir el grito desesperado ¡QUE SE VAYAN TODOS! en una suerte de sentir generalizado por parte de la ciudadanía de este país, cansada de los abusos y de los escándalos de todo tipo que, día tras día, sacuden al país entero.
La gran pregunta que muchas personas se hacen: ¿cuándo se prenderán las luces de alarma en La Moneda? ¿O tendrá que morir algún ministro chileno a golpes y a manos de los trabajadores chilenos, tal como sucedió el día 26 de agosto con el Viceministro del Interior boliviano Rodolfo Illanes, muerto por un derrame cerebral a causa de los numerosos golpes que le propinaron los mineros bolivianos que protestaban molestos en contra de las erradas y erráticas políticas de su líder Evo Morales?
No es una pregunta menor, ya que en momentos de rabia y frustración constante, los seres humanos están en condiciones de cometer cualquier acto de violencia, tal como ya lo hemos visto en innumerables ocasiones.
Las reglas y las leyes aplicadas a la clase política y a los gobernantes de Chile muestran una clara diferencia con las leyes aplicadas al “resto” de la población chilena. ¿Algunos ejemplos? Vemos que la presidenta de la República tiene una muy buena disposición para reunirse de manera ejecutiva, rápida y concentrada con sus ministros para… resolver los problemas de un partido político en problemas o de las constantes disputas y reyertas al interior de la coalición de la Nueva Mayoría, pero no muestra la misma fuerza, energía, diligencia, ejecutividad y rapidez para resolver los  graves problemas que genera la extrema delincuencia que azota al país, los elevados niveles de corrupción, el abuso de las AFP en contra de sus afiliados que reciben pensiones miserables a través de un sistema que está amparado por el Estado, el estado crítico de la salud con prestaciones hospitalarias que son indignas para un ser humano, el grave problema de la mala  calidad de la educación, la muerte de 477 menores inocentes a manos del SENAME (institución del Estado que, supuestamente, debe proteger y cuidar a estos niños y no ser la causante de su fallecimiento), los malos indicadores económicos del país y el creciente aumento del desempleo, el diseño de reformas improvisadas entre cuatro paredes y peor ejecutadas, etc.
En definitiva, ante esta realidad, es necesario dejar de enviar mensajes derechamente mentirosos o que manipulan la verdad de manera grosera, y dar un corte definitivo a que existan en Chile dos tipos de leyes: un tipo de leyes para el club de los políticos intocables y otro tipo de leyes para la gente corriente.
La ciudadanía chilena ya se cansó y no está dispuesta a seguir “agachando el moño” ante tanta arbitrariedad e indiferencia. Preocupémonos, entonces, de que en Chile no se corra el peligro de caer en las mismas fórmulas usadas por los trabajadores bolivianos para solucionar sus problemas económicos y sus sentimientos de injusticia social, a saber: golpeando y asesinando a sus ministros.

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