domingo, 7 de agosto de 2016

SUICIDIO JUVENIL: LAS SEÑALES QUE PUEDEN ALERTAR A LOS PADRES DE UN POSIBLE ACTO SUICIDA

Dr. Franco Lotito C. –  www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)

Las personas que están al borde del suicidio necesitan, básicamente, tres cosas: que alguien las escuche con atención, tener a  alguien en quien confiar y saber que hay una persona que se preocupa por ellas.

Revisemos algunas frases de jóvenes que han intentado quitarse la vida:
“No soporto más esta vida sin sentido”, “Estoy cansado y deprimido, y lo único que quiero, es morirme”, “Mis padres lo único que saben es pelear, decirnos cosas feas y no preocuparse de sus hijos”, “Estoy sola, mi vida no ha sido nada fácil y he pensado muchas veces en quitarme la vida”, “Mi familia no me demuestra afecto, he sufrido maltrato psicológico y ya no aguanto más”, “A mis compañeras no les agrado, se burlan de mi aspecto y me postean cosas muy feas en las redes sociales”, “Mis padres no me entienden y tampoco se interesan por mí ¿de qué me sirve estar vivo?”, son algunas de las decenas de frases que expresan personas jóvenes, que luego atentan en contra de su integridad física.

Si en el caso de los suicidios de personas adultas, la tasa de suicidio en Chile entre los años 1990 y 2009 casi  se duplicó, pasando de 5,63 a 11,68 casos por cada 100 mil habitantes, los casos de suicidio juvenil se han más que triplicado en nuestro país en los últimos 10 años, superando largamente los doscientos casos de menores que se suicidan al año.
Por lo tanto, estos atentados en contra de sus vidas, ya no resultan ser “casos aislados” y se convierten en una razón demasiado poderosa como para no prestar nuestra máxima atención a aquellas señales que pudiesen ayudar a los padres y guardadores a prevenir que más jóvenes sigan atentando en nuestro país en contra de su integridad física. Un caso emblemático, es el alto número de suicidios que se ha producido al interior del SENAME en estos últimos años, a raíz del total abandono, los abusos y los malos tratos entregados por los guardadores de la institución, así como por las condiciones de vida miserables e indecentes que estaban –y continúan– soportando al interior de sus instalaciones.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS),  por cada suicidio consumado hay 20 intentos fallidos, calculándose que existen otras 50 personas que están pensando seriamente acerca de la posibilidad de acabar con sus vidas por cada intento que falla. Es por ello,  que un suicidio fallido es el principal predictor de un suicidio futuro.
En Latinoamérica, somos, después de Uruguay, la nación con la tasa más alta de suicidio, en tanto que entre los países pertenecientes a la OCDE somos el país con el ascenso más rápido en la tasa de suicidios, después de Corea del Sur, con 13,3 casos por cada 100 mil habitantes en el año 2013, siendo la tasa promedio de la OCDE 12,4 por cada 100 mil habitantes.
La soledad, la miseria y el abandono, la baja autoestima, problemas de comunicación con los padres, padres que están continuamente en “guerra” el uno contra el otro, la falta y carencia de afecto, sufrir bullying en el colegio, tener peleas con los amigos más cercanos o el hecho de experimentar síntomas depresivos son algunos de los principales detonantes de la decisión de acabar con la vida propia.
En una encuesta de Salud Escolar de la OMS salió a la luz que alrededor del 21% de los adolescentes chilenos de entre 9 y 17 años había pensado en suicidarse y que un 16% había identificado la forma de llevarlo a cabo. Este riesgo aumenta de tres a cinco veces cuando los jóvenes consumen alcohol y drogas, condición que desinhibe a las personas y facilita la pérdida del control de impulsos.
Las formas más habituales de suicidio en personas jóvenes son el ahorcamiento con un 81%, seguido de un disparo con arma de fuego con un 11% y la intoxicación por medicamentos con un 6,4%.
Algunas de las principales señales a las cuales los padres y guardadores deben poner mucha atención son las siguientes:
1. Trastornos de la alimentación o del sueño: los jóvenes comienzan a devorar comida a destajo con claros indicios de ansiedad, o bien dejan de comer en forma repentina, no presentando señales de apetito ni ganas de comer. Igual cosa sucede con el sueño: pasan mucho tiempo durmiendo, o bien, no logran conciliar el sueño, sin lograr descansar ni encontrar paz interna.
2. Alteraciones del ánimo: a raíz de peleas y agravios constantes entre los padres de los menores (o sus guardadores), los jóvenes pueden experimentar altos niveles de frustración y desesperación que los impulsa a caer en conductas peligrosas, tales como consumo de cigarrillos, drogas y alcohol, o bien, irse o fugarse de la casa, con el riesgo consecuente de caer en comportamientos sexuales precoces e inseguros en busca de muestras de interés y afecto. Asimismo, se producen cambios bruscos y repentinos en el estado de ánimo, y el niño puede pasar de una conducta acelerada, agresiva, irrespetuosa y fácilmente irritable, a una conducta de pasividad y desinterés total, con   claras muestras de pena y tristeza. Pasan de la inquietud motora sin dirección ni sentido, a encerrase en su habitación a dormitar o a estar aislados y ensimismados, con la música a todo volumen.
3. Manía por hablar: los jóvenes pueden caer en conductas logorreicas, es decir, ponerse a hablar sin cesar acerca de cosas sin importancia durante horas, pero si un adulto intenta conducir con ellos una conversación en forma seria, los menores pueden caer en un mutismo absoluto y negarse a comentar algo.
4. Pérdida de lazos afectivos: los jóvenes rompen con sus viejas amistades de manera repentina y arbitraria, abandonando a su grupo habitual de amigos. En lugar de ello, es posible que durante un tiempo comiencen a cambiar constantemente de amistades.
5. Caída en su rendimiento escolar: si bien los psicólogos no han establecido una relación directa entre bajar las notas y una razón para cometer suicidio, sí se ha logrado determinar que los jóvenes optan por atentar en contra de sus vidas cuando su miedo a los resultados negativos del colegio no es suficientemente contenido o acogido por parte de los padres del menor.
6. Sufrir bullying en el colegio y en las redes sociales: éste es uno de los dramas más terribles y complicados que puede experimentar un joven, por cuanto, experimentar el rechazo social, la burla, los golpes y el desprecio por parte de los propios compañeros de clase puede convertirse en la peor pesadilla para un niño o niña, especialmente, si éste menor presenta un nivel de sensibilidad sobre la media, es poco asertivo, presenta bajo nivel de tolerancia a la frustración, o bien, tiene su autoestima muy deteriorada.

En función de lo anterior, es preciso destacar, que si los padres observan en su hijo o hija adolescente o preadolescente uno o más de los síntomas arriba consignados, esto podría ser un indicador que apunta a algún tipo de ideación suicida, situación que debe poner en alerta inmediata a la familia de este adolescente.
Por otra parte, si los padres advierten que el joven está retraído o está más triste que lo habitual, que existe pérdida del control de impulsos, que no come (o lo hace en exceso) o que su estado de ánimo está interfiriendo notablemente en las actividades habituales del menor, es urgente poner atención a estas señales, por cuanto, dichas señales se asocian a una posible depresión, trastorno que debe ser tratado cuanto antes por un especialista en salud mental.
Se recomienda que los padres no intenten forzar un acercamiento de manera brusca o agresiva al joven, bajo la fórmula de: “¿¡Qué es lo que pasa contigo!?” o bien,  “¡¡Dime qué es lo que te molesta!!”, por el alto riesgo que se corre de que el menor o adolescente se encierre aún más en sí mismo. En lugar de aquello, la sugerencia es buscar de manera rápida una persona hacia la cual el niño o niña experimente un alto grado de confianza y cercanía (un amigo, un profesor, un pariente cercano) y a través de esta persona, explorar qué puede estar sucediendo en el interior de este joven.
Si el adolescente revela que ha tenido (o tiene) planes para atentar en contra de su vida, la recomendación es llevar cuanto antes al menor a un psicólogo o psiquiatra, con el objetivo de que comience a ser tratado lo antes posible, ya que, en estos casos, no se puede correr riesgo alguno.
La principal razón de haber puesto por escrito esta breve investigación, es un intento por crear conciencia acerca de un fenómeno que va en constante aumento, razón por la cual, se hace prioritario quebrar, de una vez por todas, la tendencia  al alza que muestra Chile para el caso de las personas que cometen suicidio en nuestro país.
El cálculo aproximado habla de alrededor de 2.500 casos al año de suicidios exitosos, y si esto se multiplica por los veinte casos fallidos por cada caso exitoso, llegamos a la conclusión, que cada año alrededor de 50.000 personas intentaron sin éxito quitarse la vida en Chile y que, además, había otros 125.000 chilenos que han pensado  seriamente en suicidarse.
No obstante lo anterior, lo más grave, es el dato entregado por la OMS, organización que señala que a un 21% de nuestros jóvenes entre 9 y 17 años se les había cruzado por la mente el algún momento la posibilidad de suicidarse.
Es una cifra poco halagadora que debe asustarnos y movilizarnos a todos nosotros, con el fin de buscar prontas, nuevas y mejores medidas de prevención, por cuanto, estos menores que lo pasan tan mal, merecen toda nuestra atención.

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