domingo, 31 de julio de 2016

CHILE: UNA DEMOCRACIA ANALFABETA EN PLENO SIGLO XXI


Dr. Franco Lotito C.  –   www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)

“Los analfabetas del siglo XXI no serán aquellas personas que no sepan leer y escribir, sino que aquellas que no sepan aprender, desaprender y reaprender” (Alvin Toffler, autor, investigador y futurólogo norteamericano).


Para que se cumpla el principio que señala este investigador norteamericano, a saber, que las personas estén en condiciones de: aprender, desaprender y reaprender, se requiere, como conditio sine qua non, que las personas sepan, por lo menos, leer y escribir.
El grave problema radica en que una investigación realizada por el Centro de Microdatos  de la Universidad de Chile reveló una “verdad muy incómoda” para nuestro país: el 62% de los chilenos egresados de institutos, centros de formación técnica y universidades chilenas “apenas pueden comprender textos simples y extraer información básica de ellos”, y para rematar con esta “verdad incómoda”, especialmente, para el gobierno de la presidenta Bachelet, ese mismo porcentaje de chilenos presentaban serias dificultades para “resolver una o dos operaciones básicas como sumar y restar” (citas textuales). No cabe duda alguna, que esta “foto” de la Universidad de Chile es una radiografía cruda y reveladora de lo que somos como país y como capital humano.
Lo peligroso de esta incompetencia personal y profesional, es que este grupo humano representa a una parte sustantiva de los mismos niños, jóvenes y adultos que  elegirán a los “líderes” que gobernarán a Chile en las próximas décadas y que regirán los destinos de 17 millones de chilenos.
Este grupo humano, es parte relevante de los mismos jóvenes y adultos que están “escreviendo” la futura Constitución de Chile en los Cabildos Abiertos, ya que sólo se pide que las personas tengan 14 años y que tengan su carnet de identidad, no así que sepan leer de corrido, que tengan capacidad de comprensión, o que sepan utilizar (entender y aplicar) un lenguaje que sobrepase las 400 palabra que, en promedio, según el psiquiatra Otto Dörr, manejan una parte importante de nuestros jóvenes y adultos.
Son los mismos jóvenes de 14 años declarados por este gobierno como “sin discernimiento” e “inimputables” cuando cometen asaltos violentos, atracos a mano armada, ejecutan portonazos al por mayor, sin que les importe un pepino si la víctima termina gravemente herida o muerta. Son los mismos sujetos de 14 años “sin discernimiento” que queman vivas a personas cuando protestan o asaltan bajo la influencia de las drogas, los que ahora son “invitados” por el Gobierno de Bachelet a “escrevir” la nueva Constitución. ¡Qué desprecio y burla para la ciudadanía, si es así como el actual gobierno de Chile pretender reírse en la cara misma de los chilenos!
Para qué hablar si a estos sujetos se les pide comparar, deducir, integrar e inferir conclusiones a partir de la información que leen. ¿Podrán estas personas estar en condiciones de interpretar, asimilar, redactar y transferir a la nueva Constitución de Chile las “nuevas leyes” y “contenidos”, si además de no tener discernimiento, no comprenden las cosas más básicas de la gramática española y del significado de las palabras?
Una encuesta sobre Competencias de los Adultos desarrollada por la OCDE durante el año 2016 complementó el estudio de la Universidad de Chile y puso sobre el tapete de la discusión una triste realidad: Chile está repleta de “analfabetas funcionales”, es decir, personas que una vez aprendieron a leer y escribir, pero que hoy en día son incapaces de comprender lo que leen, no saben hacer cálculos simples como sumas o restas, ni están en condiciones de seguir instrucciones que presenten un cierto grado de dificultad.
Esta misma “triste realidad” conduce a otra realidad, incluso, peor: en algunos puestos de trabajo –que ni siquiera requieren de habilidades avanzadas o de conocimientos específicos–, se produce una suerte de círculo vicioso del que resulta casi imposible escapar, ya que aquel trabajador que no logra entender una instrucción le resulta imposible lograr un buen desempeño laboral, lo que a corto plazo lleva a que esa persona sea despedida del trabajo, siendo reemplazada por otro trabajador que muestra… las mismas deficiencias y la misma falta de competencias mínimas que el trabajador anterior, lo que conduce a una rotación permanente de trabajadores y de empresas.
Mucha televisión chabacana, el mal uso de internet, la burda dependencia del iPad, del celular y del Tablet, la nula o escasa lectura,  los muchos centros de educación básica, media y superior que se dedican sistemáticamente a “pasar” de curso y de asignatura a los estudiantes, así como a entregar títulos truchos –sin que dichos estudiantes dominen un mínimo de las materias que, supuestamente, deben manejar para ser aprobados y promovidos–, con un único fin: no perder la matrícula y los altos ingresos que reciben, sin que importe un bledo qué tipo de “profecional” (con “c”) están entregando al mercado laboral.
No obstante que en los últimos años se han invertido cuatro veces más recursos en educación que en épocas anteriores (¡recursos que nadie sabe a dónde fueron a parar!), una proporción angustiosamente alta de escolares y estudiantes, simple y llanamente, no está en el nivel de lo que debería manejar y rendir en las materias que estudia en estos centros educacionales. ¿Qué significa esto? Que muchos de estos menores cuando salgan a buscar trabajo, sólo serán capaces de desempeñarse en tareas inferiores y no especializadas, lo que terminará por marginarlos de una sociedad que será, justamente, muy especializada.
Lo más probable, entonces, es que estas personas no obtengan trabajo alguno, o bien, se verán obligados a desempeñarse en trabajos serviles y con “salarios de esclavos” (entiéndase, salarios mínimos). Una consecuencia posible de esta imposibilidad de acceder a buenos trabajos y altos ingresos, es que las personas dirijan sus ojos hacia la delincuencia, el abuso de drogas y la ingesta de alcohol, como una “fórmula” peligrosa para hacer soportable lo insoportable. Eso por una parte.
Por otro lado, el abuso y el saqueo indiscriminado y constante del cual ha sido objeto nuestro medio ambiente, nos dice a gritos, que nuestro país requiere con urgencia de gente educada, de personas instruidas y técnicamente bien preparadas. Este es el tipo de personas que necesitamos de manera desesperada, por cuanto, son ellos, quienes representan la única oportunidad para luchar contra los males que nos acechan hoy en día: contaminación ambiental (tierra, mar, agua), efecto invernadero, corrupción transversal y desde el gobierno, destrucción de la capa de ozono, explotación del hombre por el hombre (con casi ocho millones de personas en Chile que reciben pensiones de hambre y sueldos de esclavos).
No sólo nos hacen falta hombres de ciencia, sino que también escasean los líderes políticos y líderes empresariales con principios y valores éticos que impidan que caigan en las mismas aborrecibles prácticas de abuso y expoliación desvergonzada como las que estamos viendo en Chile desde hace un tiempo y, muy especialmente, en estos últimos años, en que la clase política y el gobierno de turno, coludidos y en alianza con los capitanes de las distintas industrias, se han dedicado a saquear, asaltar y robar a destajo, cual hordas de vikingos y mongoles, respectivamente, las arcas del estado de Chile.
Resulta absurdamente utópico pensar que una sociedad que ha sido, una y otra vez,  caracterizada por diversas investigaciones como (a) “analfabeta funcional”, (b) “incapaz de comprender lo que lee” y de (c) “realizar simples cálculos como sumar y restar”, esté en condiciones de elegir –de manera apropiada– a quienes deberán dirigir los destinos de nuestro país.
Para poder elegir sin equivocarnos, debemos contar con algo de preparación, disponer de conocimientos y de sabiduría. No obstante los requisitos mínimos señalados previamente para poder elegir de manera adecuada a nuestros dirigentes políticos, entre nuestro electorado tenemos a un 62% de personas que a duras penas sabe leer y escribir, realidad que constituye una verdadera burla a la democracia de un país.
Sin embargo, y esto hay que transparentarlo, esta ignorancia y falta de preparación de una parte importante de la sociedad, le es altamente funcional a la élite política y económica que dirige actualmente a este país. Para esta élite, cuántos más analfabetas funcionales existan, tanta más mano de obras y esclavos baratos tendrán a disposición durante muchas décadas para continuar dictando e imponiendo al país sus reglas, sus normas y las leyes que protejan y garanticen sus privilegios y riquezas, abusando de manera descarada de la ignorancia y conducta servil de sus gobernados. ¡Bienvenida, entonces, la democracia analfabeta!
Por otra parte, el reconocido psiquiatra chileno Otto Dörr es muy directo en sus apreciaciones cuando señala que la “juventud chilena está enferma” en función del  “hedonismo” que la distingue, por la ausencia y la “falta de normas”, por el “desinterés que muestra por todo aquello que no produce placer”, por “el consumo excesivo de alcohol y drogas”, así como por la “precariedad del lenguaje hablado” plagado de groserías y por la ordinariez que caracteriza a una parte relevante de la juventud chilena, ya que según este psiquiatra, “perder el lenguaje es equivalente a perder el espíritu” (citas tomadas del Dr. Dörr en forma textual).
A juicio de este miembro de la Academia Chilena de Medicina, en la actualidad, y con algo de suerte, el “chileno medio utiliza 400 palabras y los jóvenes aún menos”, condición que los pone a “años luz de un ciudadano alemán culto que maneja 16.000 palabras”. Juicio lapidario que viene a reafirmar lo que otras investigaciones han sacado a la luz. (Para uno de estos estudiantes, sus “érues más grande” eran “Harturo Prat” y la “mina de las cinco lucas, porque ganó el premio Óscar”. Se sobreentiende que este estudiante quiso decir “héroe” y, por supuesto, se refería a Arturo Prat y a Gabriela Mistral, la ganadora del premio Nobel de literatura).
¿Una primera conclusión? El miserable y paupérrimo estado de la educación en Chile, sumado al 62% de chilenos que son “analfabetas funcionales” (algunos expertos dicen que son más) no hace sino petrificar y helar la sangre en las venas de todas aquellas personas que han logrado profundizar en este descalabro  educativo y en la vergonzante realidad que envuelve a Chile.
¿Lo peor? La clase política y la élite económica de nuestro país se soban las manos de felicidad y alegría por los nuevos millones de esclavos ignorantes que tendrán a disposición en las próximas décadas, por cuanto, esta élite tiene muy claro que no necesitan los cerebros atrofiados de estos millones de esclavos modernos, sólo los músculos de sus brazos, ya que para pensar y decidir, están ellos.



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