domingo, 24 de julio de 2016

BUSCANDO SANAR DESDE EL CORAZÓN

Dr. Franco Lotito C.  –  www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)
“A la verdad se llega no sólo por la razón, sino que también por el corazón” (Blaise Pascal, matemático, físico, filósofo y escritor).

Sin que importe mucho, si se es una persona rica o pobre, hombre o mujer,  el tipo de religión que profese el lector de este artículo, o cuál sea la ideología política que lo caracteriza, una cosa debe quedar clara desde ya, a saber, que la capacidad que tiene una determinada persona  para “conectarse” con su mundo interior, es el punto clave que nos ayuda  a cada uno de nosotros, a crecer, a vivir mejor y en armonía como seres humanos y, de manera especial, a sanar desde el corazón. De ahí también, la segunda famosa –y hermosa– frase que nos llega de boca del pensador francés Blaise Pascal del siglo XVII: “El corazón tiene razones que la razón no conoce”.
Algunas preguntas previas: ¿es usted de aquellas personas que se sienten desmotivadas por el tipo de trabajo que realizan o por el estilo de vida que llevan? ¿Se siente cansado, ansioso o angustiado? ¿Sufre usted de jaquecas, fibromialgia o trastornos intestinales? ¿Está sobrepasado por el nivel de estrés que lo aqueja? ¿Está experimentando los síntomas de una depresión que viene en camino?
Seamos aún más directos: ¿desea usted cambiar su estilo de vida y forma de vivir, pero no sabe cómo hacerlo?  Pues bien, en nuestro cuerpo existe una suerte de “inteligencia rectora” que nos puede conducir –si es que se lo permitimos– a la salud y al bienestar. Son muchos los expertos e investigadores que coinciden en destacar que los seres humanos somos los únicos seres que habitan la Tierra que estamos en condiciones de modificar nuestra biología por intermedio de aquello que pensamos y sentimos.
Yo siempre señalo a mis pacientes –y así lo planteo también en mis escritos– que todos nosotros somos una unidad psico-física-espiritual, en función de lo cual, cada uno de los componentes identificados en esta tríada puede ejercer su influencia  –ya sea de manera positiva o negativa– sobre los otros dos. El cuerpo humano, es una máquina maravillosa que representa lo mejor de la industria farmacéutica: produce tranquilizantes naturales, endorfinas relajantes, elementos anticancerígenos y toda clase de medicamentos que el sujeto necesita y, además, los “despacha” gratis, en la dosis perfecta y adecuada para cada quién.
La bioquímica del cuerpo es el producto resultante de nuestra conciencia activa, por cuanto, las creencias, pensamientos y emociones que nos distinguen y caracterizan, producen reacciones químicas específicas que permiten dar el sustento necesario a todas nuestras células. De ahí que se hable de “inteligencia rectora”, instancia a la cual deberíamos prestar un mayor grado de atención, con el objetivo final de escucharlo y dejarnos guiar por él.
Prácticamente, todo ser humano está en condiciones de vivir 100 años de manera lúcida y en buenas condiciones físicas, siempre y cuando sea capaz de prevenir de forma proactiva accidentes cardio y cerebrovasculares (infartos), diabetes, hipertensión arterial, diversos tipos de cánceres y otras enfermedades que son provocadas por el enemigo más importante del siglo XXI: el estrés. No obstante lo anterior, el enemigo número uno del ser humano está representado, principalmente, por la insatisfacción laboral, a raíz de la cantidad de gente que se enferma y muere a causa de este factor.
De acuerdo con las investigaciones del médico de origen hindú, Deepak Chopra, estas investigaciones muestran que mueren más personas los días lunes a las 9:00 Hrs., que en cualquier otro momento del día, de modo que la asociación mental entre insatisfacción y muerte, se vuelve bastante clara. Por otra parte, son muchos los pacientes que en la consulta se quejan de que ellos comienzan a experimentar diversos tipos de malestares –dolores de cabeza, trastornos estomacales, nerviosismo, ansiedad, angustia, insomnio, etc.– con sólo pensar que el día lunes deben ir a trabajar nuevamente.
Ahora bien, en beneficio del ser humano, hay ciertas leyes espirituales (o del corazón, si se quiere) que si se siguen, permiten a la persona estar en armonía con uno mismo y con el universo, y por esta vía, se puede estar en condiciones de materializar aquellas cosas y objetivos que anhelamos íntimamente. Paso, a continuación, a describir estas leyes del espíritu:
1. La ley de la potencialidad: todos nosotros somos pura potencialidad, en función de lo cual,  representamos un número infinito de posibilidades y de diversidad creativa, y cada día –si lo intentamos seriamente y con un cierto nivel de perseverancia–, estamos en condiciones de sacar a la luz aspectos nuestros que desconocemos tener… hasta que aparecen. La manera de activar todas estas potencialidades, es a través de la práctica de la meditación y de la vinculación íntima con la naturaleza. En relación con la meditación, la neurocientífica Sara Lazar de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard encontró claras evidencias científicas de que la práctica de la meditación se asocia directamente con una disminución del estrés, la depresión, la ansiedad, el dolor, el insomnio y una mejor calidad de vida, al mismo tiempo que altera físicamente el cerebro humano, después de tan sólo ocho semanas de meditación (Lazar, Kerr, Wasserman et al., 2005).
2. La ley de dar y recibir: si alguien desea algo, es la persona misma, quien debe ser la primera  en iniciar el proceso de dar, con el fin de poder, posteriormente, recibir. Hay que dar aquello que se desear recibir. Si la persona desea amor,  amistad, dinero, bienes materiales, entonces debe comenzar a dar cada una de estas cosas. Todo lo que es valioso en la vida, se multiplica al darlo. No obstante lo anterior, si al dar, la persona siente que está perdiendo algo, ese “regalo” es inútil, porque no es verdadero, no es “sentido”, por lo tanto, no va a tener una “devolución incrementada”. La intención debe ser siempre dar para crear felicidad, sin condiciones y desde el corazón. Esto se une con la ley que viene a continuación.
3. La ley del karma (o de causa y efecto): cada acción que ejecutamos genera una fuerza de energía que regresa a nosotros en la misma forma, fuerza, cantidad y calidad. De ahí el dicho que señala que uno cosecha lo que siembra: “siembra vientos y cosecharás tempestades”, razón por la cual, debemos estar alertas y evitar este tipo de acciones contraproducentes. Para tomar decisiones que sean correctas, hay que escuchar a nuestro centro emocional (corazón) más que a nuestro centro racional (cabeza). En este sentido, a menudo deberemos escapar de la necesidad  y el deseo de manipular y controlar a quienes tenemos en nuestro entorno cercano, por el peligro de quedar atascados en este objetivo… hasta que los otros se den cuenta de nuestra intención, con lo cual, perderemos toda nuestra credibilidad y capacidad de influir en la conducta de quienes decimos amar, valorar o apreciar. Asimismo, debemos respetar la regla de oro o regla áurea de la antigüedad: “Trata a los demás como tú querrías que te tratasen a ti”.
4. La ley de la aceptación: ello implica la aceptación de que cada momento que vivimos está bien en cómo se da, por cuanto esto nos obliga a: (a) asumir la responsabilidad por uno mismo y aceptar la responsabilidad de aquello que hacemos y sus consecuencias, (b) no buscar chivos expiatorios, con el fin de culpar a los otros por aquello que nos sucede, (c) no desgastar toda nuestra energía en defender nuestros puntos de vista ante sujetos que son refractarios a todo argumento válido o lógico que podamos expresar. Si logramos poner en práctica esta ley, entonces seremos capaces de vivir nuestro presente con alegría y satisfacción. En este sentido, tal como señala el Dr. Chopra, el pasado es historia, el presente es un regalo y el futuro es algo incierto.
5. La ley de la intención y el deseo: esta ley está basada en el hecho que la energía y la información existen en la naturaleza. Nosotros estamos en grado de modificar nuestros pensamientos, nuestros hábitos, emociones, deseos, creencias y, asimismo, podemos cambiar el medio ambiente y el mundo que nos rodea. Todo esto es factible por medio de la atención y la intención que ponemos en cada ocasión: la atención energiza, en tanto que la intención transforma. Cuando ponemos la atención sobre algo específico que nos interesa, ese “algo” adquiere un mayor relieve, y luego la intención desata la transformación de la energía, con el fin de lograr aquello que deseamos.
6. La ley del desapego: para adquirir realmente algo, la persona debe estar dispuesta a “dejar su apego” por ese algo. La razón es muy simple: el apego se basa en la inseguridad y en el temor a perder algo, razón por la cual, el individuo busca símbolos como una casa, autos, empleo, joyas, etc., que son elementos transitorios, en tanto que en el desapego a los bienes materiales, hay una cierta libertad para ser uno mismo, para la energía, para la risa y la alegría. En el apego hay desesperanza, inseguridad e incapacidad. Buscar la “seguridad” se convierte en una suerte de ilusión que nos elude constantemente, lo cual, de alguna manera nos hace apegarnos al pasado.
7. La ley del propósito (o sentido) de la vida: cada ser humano tiene un propósito u objetivo en la vida, cada uno de nosotros tiene talentos únicos y singulares que debe colocarlos al servicio de la humanidad. De acuerdo con la medicina ayurvédica tradicional de la India que guía la práctica profesional del Dr. Deepak Chopra, nosotros seríamos seres espirituales que tienen la gran oportunidad de tener una experiencia material, y no seres materiales que, ocasionalmente, tienen acceso a experiencias espirituales. Nuestra misión, entonces, es buscar nuestro ser, nuestra identidad, nuestro propósito a través de la búsqueda interna, ya sea a través de la meditación, o bien por otros medios y caminos, con el objetivo final de descubrir nuestros talentos y determinar cómo podemos poner estos talentos al servicio de nuestra comunidad y, por extensión, al servicio de la humanidad. Incluso más: hay un principio en la biblia cristiana que se complemente con lo anterior y que señala lo siguiente: “El hombre que no vive para servir, no sirve para vivir”.
Es preciso tener presente, que en el momento mismo que descubrimos cuál es nuestro propósito  o sentido en la vida, ello nos entrega un alto nivel de satisfacción y nos hace más alegres y más plenos como personas, generando, en definitiva, pasión por la vida.
Finalmente, quiero reiterar la importancia de aprender a practicar la meditación, por cuanto, esta instancia de crecimiento personal entrega una serie de beneficios que muchas personas desconocen: baja los niveles de ansiedad y angustia, disminuye la presión arterial, procura alivio y hace desaparecer trastornos psicosomáticos, baja el metabolismo basal, aumenta la coherencia de nuestras ondas cerebrales, incrementando, por esta vía, la capacidad de aprendizaje y la recuperación de nuestra memoria. Con la práctica habitual de la meditación, estaremos en grado de disminuir el estrés y el nivel de fatiga que nos afecta, permitiendo un mejor acceso a nuestro potencial de energía, lo que incrementa nuestro equilibrio interno, todo lo cual, nos permitirá afrontar de mejor manera los desafíos de la vida cotidiana.
Todo esto, en definitiva, es el equivalente a lograr la  sanación desde el corazón.

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