domingo, 19 de junio de 2016

Fomentar el desarrollo de una sociedad no excluyente

Isabel Mayorga Muñoz
Periodista
Aspirante al grado de Doctor en Comunicación

Desde hace un tiempo la sociedad chilena se viene preguntando sobre el pleno ejercicio de sus derechos   y observa  cómo la institucionalidad reacciona  frente a esta nueva disyuntiva.


Aun cuando los desaciertos han ocupado diferentes ámbitos,  la  política  , en un sentido amplio ,  tiene  un  desafío y una  oportunidad de  retomar el camino que  nos conduzca a una sociedad no excluyente.

Si bien es cierto que la globalización como la base de la economía  de  mercado  ha dado paso a la nueva sociedad  informacional del milenio,  el costo ha sido  el  distanciamiento  con aquellas bases sociales que le daban legitimidad y cohesión  al estado.

En medio  de esta resistencia a lo establecido,  surgen  nuevas identidades que anhelan  llevar a cabo sus proyectos e iniciativas.  Incomprendidos  o  cuestionados estos actores  han propiciado  en la diversidad de opinión y alternativas,  un espacio para expresar en el acto y la palabra la construcción de un país distinto .

Este  cambio se sustenta en aquello que tiene sentido para  las personas y puede ocurrir en cualquier momento, bajo diferentes circunstancias  y en la mayoría de los casos asociado a determinados atributos con los cuales los actores  se sienten identificados.

No es  inusual, ni casual,  bueno o malo,  simplemente ocurre, y es importante  comprender que nuestra  sociedad y el mundo  se encaminan a nuevas  formas de  transformación  social.

 En este nuevo  paradigma informacional aquello  que ocurre en un lugar lejano puede tener consecuencias a nivel local y viceversa,  tal como lo fue en su momento el  surgimiento del feminismo,  la primavera árabe o la reivindicación de los pueblos indígenas en Latinoamérica.

Hechos sociales que se iniciaron en puntos determinados del planeta pero que debido a la capacidad de los avances de la tecnología y la sociedad en red han logrado  captar  a  millones de adherentes a través de  las diversas plataformas de medios disponibles,  promoviendo  cambios a niveles estructurales, en muchos casos positivos,  otros  han sido intentos fallidos o experiencias desafortunadas  pero no por ello menos importantes ya que nada ha vuelto a ser como antes.

La política  en Chile   deberá estar a la altura de estos nuevos desafíos que impone la sociedad informacional  del milenio generando las condiciones para   más espacios de expresión y participación   para estas nuevas identidades  como único camino hacia la desarrollo  de una sociedad no excluyente.

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