domingo, 29 de mayo de 2016

LAS EXPERIENCIAS DE ESTRÉS CRÓNICO Y UNA VEJEZ ANTICIPADA

Dr. Franco Lotito C.   –   www.aurigaservicios.cl
Académico e Investigador (UACh)

Una investigación realizada por la Universidad de California en San Francisco, pudo comprobar que las personas afectadas por  una vivencia emocional de estrés prolongado (o distrés) tendían a envejecer más rápido que sus congéneres del grupo control que no se encontraban en dicha condición de estrés crónico.


El trabajo de investigación comparó 235 mujeres que estaban sometidas a la tensión prolongada como resultado de tener que cuidar a niños con graves problemas –tales como parálisis cerebral y autismo–, con otras  190 madres del grupo control, cuyos hijos eran completamente sanos.
Los análisis y resultados mostraron, que aquellas mujeres que padecían de cuadros de estrés y tensión crónica permanente, sufrían un desgaste de su ADN, situación que  favorecía y provocaba un envejecimiento y muerte temprana a nivel celular, condición que se traducía en la aparición de arrugas y pelo canoso de una manera precoz, a lo cual se agregaba, además, la presencia de un mayor nivel de  detritos y productos de desecho en el organismo, que resultan tóxicos para los tejidos humanos.
Estos hallazgos nos ayudan a precisar el fuerte impacto que tiene en el organismo la tensión crónica, al mismo tiempo que reafirma y facilita la comprensión de la estrecha relación que existe entre nuestro cuerpo y nuestra mente. Son muchos los especialistas y estudiosos que, una y otra vez, reafirman y confirman esta relación. Yo voy más allá y hablo, incluso, del ser humano como una unidad psico-física-espiritual, cuyos componentes tienen la fuerza y  la capacidad de influir claramente uno sobre el otro.
En otros estudios experimentales con ratas, se constató, que el estrés se asociaba directamente a una baja de las defensas inmunológicas y a la muerte precoz  de estos roedores. El experimento consistió en aplicar sobre las ratas descargas eléctricas, someterlas a estados de hambre y sed, impedirles la realización de muchos movimientos, exponerlas a ruido, soledad y a la separación temprana de la madre (todas estas experiencias son situaciones altamente estresantes).
El experimento demostró que el 92 por ciento de las ratas sometidas a un estrés crónico, al cabo de un tiempo, enfermaron gravemente, en comparación con sólo el 7 por ciento de las ratas que estaban en un ambiente protegido y libre de estrés.
Ahora bien, en el caso de los seres humanos, los científicos estiman, que un alto porcentaje de la energía interna de las personas en situación de normalidad, se canaliza hacia los procesos metabólicos que apuntan a reparar y renovar los tejidos dañados con el fin de mantener al cuerpo en un buen estado de salud.
Sin embargo, cuando dicho organismo enfrenta  situaciones de estrés, la mayor parte de esta energía se dirige rápidamente hacia el sistema muscular que prepara al cuerpo para luchar o bien, para emprender la huida. Si la tensión que sufre este organismo se torna crónica y no tiene posibilidad de descargarse o de deshacerse de la tensión generada, dicho organismo simplemente deja de reparar o renovar los tejidos, permitiendo un deterioro y el envejecimiento acelerado de las células.
Uno de los resultados más importantes y significativos del estudio en comento, es que se logró desarrollar una metodología objetiva (por intermedio de un examen genético específico) que permite medir el desgaste y el nivel de deterioro en las cadenas de ADN que causa la tensión crónica en los seres humanos, lo cual representa un dato objetivo que debería impulsar  hacia un mejor autocuidado de aquellas mujeres que están sometidas a un distrés de tipo crónico, sea éste de tipo laboral, familiar o de pareja, o bien, que deben hacerse cargo de personas enfermas, sean éstas de la propia familia, o bien de sujetos ajenos a ellas.
Otra de las conclusiones que se extrae de estas investigaciones, es que cuando la carga de estrés es muy fuerte, esta condición puede abonar el camino para el desarrollo de un cáncer, por cuanto hoy en día, resulta imposible negar la relación directa entre estos dos elementos. La explicación es muy simple: las hormonas del estrés, tales como el cortisol, la adrenalina, y la noradrenalina, hacen que el sistema inmunológico de las personas se deprima y no pueda continuar defendiendo al cuerpo de los ataques de bacterias, hongos y virus que rondan en el ambiente, situación que puede dar origen a una serie de enfermedades, una de las cuales, podría, perfectamente, ser un cáncer.
Recomendación final: es preciso tomar todas las medidas de resguardo para efectos de no ser objeto de este tipo de trastorno, enfermedades varias o envejecimiento prematuro.

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