domingo, 13 de marzo de 2016

¿PROBLEMAS CON LA MEMORIA? SEIS SUGERENCIAS Y UN CONSEJO


Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl
Docente e Investigador (UACh)
¿Le ha pasado algunas veces que se levanta de su asiento para salir a buscar –o hacer– algo y, de repente, ya no sabe qué es lo que quería hacer? Las preguntas que surgen de manera natural son siempre las mismas ¿qué es lo que le pasa a mi memoria? ¿Qué es lo que vine a buscar? ¿Qué quería hacer?

Pues bien, quedarse con la mente en blanco, hoy en día no es un suceso que afecte de manera exclusiva a los adultos mayores, sino que es un fenómeno que es compartido por adultos y, también, por jóvenes que están sometidos a largas y estresantes jornadas de trabajo y/o de estudio, en ciudades y ambientes contaminados, que son ruidosos y llenos de estímulos que nos bombardean constantemente.
Si hay algo que está más que probado, es que las vivencias de estrés afectan y bloquean –por decir lo menos– a la zona del hipocampo de nuestro cerebro, es decir, aquella zona de la memoria (de corto y largo plazo) que es responsable de procesar y almacenar de manera apropiada nuestros recuerdos y la información recabada.
Los expertos y especialistas en temas de la memoria como Joshua Foer y Russel Poldrack estiman que esos “instantes seniles” que experimentamos en algunas ocasiones, son normales. Incluso si estos lapsus se producen varias décadas antes de que alcancemos la llamada “tercera edad”.
Pero ojo: distinto es el caso, si este tipo de situaciones se repite de manera recurrente y por períodos cada vez más largos, con desorientación témporo-espacial –no saber dónde se encuentra la persona y cómo llegó a ese lugar–, olvido de fechas importantes y de nombres de familiares cercanos, dificultad para comprender imágenes visuales, cambiar los nombres a las cosas de uso común –llamar “palito para escribir” al lápiz, por ejemplo–, dificultad para planificar y resolver problemas, entre otros síntomas. Si este fuera el caso, entonces la visita a un especialista –neurólogo, neuropsicólogo o geriatra– se hace necesaria.
Aclarado lo anterior, digamos entonces, que estos olvidos (o bloqueos) momentáneos se ven influenciados por una serie de factores, entre los cuales cabe considerar los siguientes: aquello que comemos, lo que bebemos, los medicamentos que tomamos, cómo y cuánto dormimos, nuestros niveles de ansiedad. Incluso más: hasta los niveles de autoestima pueden impactar negativamente en nuestras funciones cerebrales.
La primera sugerencia para las personas preocupadas por los problemas que le está causando su memoria, es buscar eliminar el “ruido ambiente” del entorno, con el fin de poder concentrase y focalizarse en la actividad que está realizando, o que se desea realizar. ¿La razón? En nuestra era digital, en la que somos bombardeados –literalmente– por miles de estímulos de manera simultánea –radio, televisión, teléfono celular (y sus decenas de aplicaciones), trabajo, familia, quehaceres diarios, Facebook, requerimientos laborales, etc.– el hecho de ser capaces de realizar múltiples tareas al mismo tiempo resulta ser una habilidad fundamental en la vida de las personas. Sin embargo, intentar escuchar las noticias de la televisión mientras se contesta un correo electrónico o se responde a una llamada por el celular, téngalo por seguro, que impedirá que usted pueda recordar con certeza y claridad cualquiera de las dos cosas.
De acuerdo con las investigaciones de Russel Poldrack, aquellas personas que realizan tareas múltiples reducen de manera notable su capacidad de aprendizaje, porque no están en condiciones de prestar la debida atención a la información que es relevante. Esto se debe a que cuando el cerebro coordina varias tareas al mismo tiempo, éste usa una zona cerebral llamada striatum, la que, conjuntamente con controlar los movimientos corporales, tiene como característica, que está en condiciones de guardar unos pocos datos relevantes y mantenerlos disponibles sólo durante un lapso breve de tiempo, luego de lo cual, pasan al olvido, razón por la cual, el acto de eliminar parte del “ruido ambiental” y poner atención sólo a aquello que tiene prioridad, se convierte en la mejor solución para evitar los olvidos.
La segunda sugerencia apunta a lo que los especialistas señalan como el acto de “refrescar la mente”. ¿Cómo se logra esto? Por intermedio de la meditación. Este tipo de actividad mejora de manera notable la memoria de las personas. Tanto así, que estudios de la Universidad de Harvard y de Kentucky (ambas de EE.UU.) revelaron –a través de  análisis de escáneres cerebrales– que hacer entre 30 y 40 minutos de meditación, incrementaba mucho más el puntaje obtenido en las pruebas de memoria que dormir por el mismo lapso de tiempo, no obstante que se ha demostrado que las dos actividades –dormir y meditar– permiten que las neuronas descansen, al mismo tiempo que consolidan los recuerdos, con una gran diferencia: la meditación mantiene activa a la conciencia, cosa que con el dormir no ocurre. Yoshua Foer, por ejemplo, señala en su libro “Los desafíos de la memoria” que todos llevamos dentro de nosotros a un “pequeño Rain Man”, es decir, a Kim Peek, una persona de la vida real con una memoria prodigiosa, y que era capaz de recordar más de 7.000 libros con una precisión del 95%.
La tercera sugerencia, apunta a vencer a uno de los grandes pecados de nuestra época –el sedentarismo– a través de la realización de actividad física aeróbica. Una investigación de la Universidad de Illinois (EE.UU.) demostró que las personas que realizan actividad física tres veces en la semana por una hora cada vez, aumentan –de acuerdo con las imágenes de resonancia magnética que se obtienen de los sujetos experimentales– su volumen cerebral y el número de conexiones neuronales a nivel del lóbulo frontal. Esta zona de nuestro cerebro contribuye poderosamente en los procesos de memoria y atención selectiva.  (Para aquellas personas que no son muy deportistas, aquí va una recomendación adicional: se puede alcanzar un beneficio similar al anterior, por intermedio de una caminata de una hora a paso rápido tres o cuatro veces en la semana).
Para complementar la actividad aeróbica, la persona debe tener muy presente una cuarta sugerencia: practicar un “fitness cerebral” con el fin de agilizar la mente. Esto se puede hacer a través de la realización de juegos que potencian el rendimiento de nuestro cerebro: juegos de memoria, de atención, de concentración, de lenguaje y visión espacial. ¿Cómo qué tipo de juegos? Resolver puzles, rompecabezas, crucigramas y sudokus, jugar damas y ajedrez, practicar juegos de naipes que requieran el uso de la memoria o de planificar ciertas estrategias para ganar el juego (bridge, whist, etc.) y muchas otras alternativas más. Retomar (o desarrollar), por ejemplo, el hábito de la lectura mejora la atención y la capacidad de retener información, además de fortalecer y ampliar el lenguaje (Se ha demostrado que aquellas personas habituadas a leer retrasan, en promedio, hasta 10 años la posibilidad de desarrollar Alzheimer). Todo esto se relaciona directamente con una habilidad muy especial del ser humano: la neuroplasticidad del cerebro, es decir, aquella capacidad para desarrollar nuevas habilidades, de potenciar aquellas que ya tenemos y de moldear nuevos hábitos que reemplacen a los viejos hábitos que ya no queremos.
La quinta sugerencia se focaliza en la necesidad de cuidar la alimentación y evitar una dieta no balanceada, por cuanto, la inclinación de nuestra sociedad contemporánea a consumir comida chatarra ha disparado los índices de consumo de grasas, ingesta de alimentos altamente procesados, hipercalóricos y con altos niveles de colesterol, entre otras grandes desventajas. Uno de los graves problemas del colesterol, es que además de depositarse en las paredes de nuestras venas, arterias y arteriolas, su acumulación reduce notablemente el flujo de sangre que llega a irrigar y oxigenar a nuestro cerebro, generando una serie de alteraciones en los procesos cognitivos y de memoria, obstruyendo y/o destruyendo las redes neuronales e interconexiones entre las neuronas, con el resultado que es de esperar: pérdida de la capacidad de memoria y el riesgo de adelantar, de manera innecesaria enfermedades como el Alzheimer, demencia senil y la arterioesclerosis.
Sólo a modo de referencia: una dieta sana requiere el consumo de frutas, legumbres y verduras, y la disminución del consumo de sal, azúcares, grasas saturadas, alcohol y tabaco. Es así, por ejemplo, que una manzana contiene una buena cantidad de antioxidantes, los cuales incrementan los niveles de acetilcolina, un neurotransmisor que resulta ser esencial para mantener la memoria activa, pero que es un elemento que va declinando con la edad, por lo tanto, consumir frutas regularmente protege a nuestras neuronas de los radicales libres, que son elementos muy dañinos y que nuestro cuerpo produce a diario.
La sexta sugerencia, es tener mucho cuidado con el consumo de ciertos medicamentos que afectan directamente a la memoria, pero en relación a los cuales muy poco médicos se dan el trabajo de explicar los efectos negativos colaterales a sus pacientes. Es el caso de los ansiolíticos, anticonvulsivos, antidepresivos, antihipertensivos, píldoras para dormir, antihistamínicos, medicamentos para reducir el colesterol, tratar el Parkinson y para tratar la incontinencia.
¿Cuál es, finalmente, el consejo? A diferencia de una sugerencia, que corresponde a una idea o una insinuación que un adulto hace a otra persona adulta, quién, puede aceptar o rechazar la sugerencia, un consejo, es  el parecer u opinión que se da a un individuo acerca de lo que éste debe o no debe hacer, pensando en el bien superior de ese sujeto.
En este caso específico, el consejo es muy simple: las personas debemos aprender a respetar (y escuchar) a nuestro cuerpo, el cual, es parte importante de la unidad psico-física-espiritual que nos hace únicos, en donde cada uno de sus componentes influye poderosamente en el otro, y todos ellos juegan un rol importante en el funcionamiento adecuado de los otros componentes, razón por la cual, está en nuestras manos decidir qué es lo que queremos para nuestras vidas.
Si uno de esos objetivos, es mantener en buen estado nuestra capacidad mental, entonces, la recomendación es hacer caso a las seis sugerencias y al consejo final.

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