domingo, 6 de marzo de 2016

¿“JUEGO DEMOCRÁTICO” DE LA POLÍTICA O EN REALIDAD… UN JUEGO AMAÑADO DESDE EL PRINCIPIO?


Dr. Franco Lotito C.  –   www.aurigaservicios.cl
Docente e Investigador UACh

“En un cambio de gobierno, el pueblo rara vez cambia de otra cosa que de amo” (Fedro)


Para aquellos que desconocen el real significado de la palabra “amañar”, la Real Academia Española (RAE)  la define como el acto de “preparar o disponer algo con engaño o artificio”. Entrega, asimismo, dos sinónimos adicionales: arreglar y componer, en el sentido de “arreglín”. Es decir, nada digno de elogio cuando los partidos políticos y sus hijos putativos –la clase política y sus representantes afines– ponen manos a la obra, o mejor dicho, ponen las “manos en la masa”.
Por mucho que nos canten canciones acerca de la “democracia” que tenemos en Chile, que eleven oraciones al Dios todopoderoso para que “preservemos nuestra democracia”, que erijan estatuas en honor de la “democracia”, etc., tanta repetición no tiene otro objetivo que martillar, una y otra vez, nuestros cerebros para que nos traguemos el cuento de hadas que lo que tenemos es una “democracia”, en lugar de una élite cleptocrática, egoísta, codiciosa y con notables rasgos de ave de rapiña, tal como se verá más adelante.
Seamos entonces muy claros y digamos las cosas como son desde el principio: el juego político estuvo, está y estará siempre arreglado en favor de aquellas personas que tienen el dinero, que tienen los privilegios y/o que tienen el poder. Sea este poder, de tipo político, económico, religioso o, en última instancia, que tienen el poder de las armas, que, de más está decirlo, van tomados casi siempre de la mano, sin importar mucho el país que se mire, o la sociedad que se examine.
Observe el lector lo que ha sucedido con los gobiernos “democráticos” que han regido los destinos de este gran país que es Chile durante los últimos 25 años, y se dará cuenta, que si contrata a un ejército de lobistas –o en su defecto, compra a un ejército de diputados y senadores obsecuentes y sumisos–  y dispone, asimismo, de un ejército de abogados financiados por los grandes empresarios, entonces usted obtendrá TODO, pero TODO lo que usted quiera del palacio de La Moneda, sin importar qué color político tiene el sujeto que esté residiendo allí.
Pregunta:
¿Dónde se habrán metido estos personajes populistas y codiciosos la frase que define a la democracia, y que dice que ésta es “EL GOBIERNO DEL PUEBLO, POR EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO”?

Hoy en día, con todos los actos de cohecho y rapiña, el uso de boletas y facturas falsas, las malversaciones de fondos y los lavados de dinero que se hacen para pagar las campañas  políticas –sean éstas parlamentarias o presidenciales–, sabemos con certeza, que el Palacio de La Moneda está en venta al MEJOR POSTOR, no al mejor candidato. ¿Por qué razón? Porque: (a) el Gobierno de turno se asegurará de que las leyes y reglas trabajen en favor de esa minoría privilegiada y elitista que ya está instalada, (b) porque el juego está amañado desde la fuente misma, es decir, gobierno, parlamento y partidos políticos, (c) porque este sistema sólo funciona para beneficiar a los de arriba, y (d) porque la gente humilde, el ciudadano de a pie, el que es pobre siempre termina pagando por todo. Incluso con su sangre. Así que no nos hagamos falsas ilusiones.
Al respecto del concepto “clase política”,  conviene aclarar que este término se usa aquí en el sentido que lo definió su creador, el político italiano Gaetano Mosca, quien planteó ya en los años 30 del siglo pasado que los “gobernantes y todos los que participan en la toma de decisiones políticas, forman un grupo social especial, denominado clase política”. Mosca agrega que aún cuando el sistema político cambie, la élite dominante continuará existiendo.
¿Por qué razón? Muy simple. Mosca demuestra que todas las clases políticas, indistinto de su color, tienen la firme tendencia a volverse hereditarias. ¿Pruebas de lo anterior? Observe el lector el nepotismo político desembozado que existe en Chile, por cuanto, entre los parlamentarios y gobernantes de nuestro país siempre vamos a encontrar a: hijos de políticos, tíos de políticos, hermanos de políticos, primos de políticos, sobrinos de políticos, esposos y parejas de otros políticos… ejerciendo cargos políticos de importancia. De más está decir, que un elevado porcentaje de los políticos chilenos está emparentado entre sí. ¿Necesita otra razón?  La política es un muy, pero muy buen negocio.
Gaetano Mosca señaló además que: “Entre las tendencias y los hechos constantes que se encuentran en todos los organismos políticos hay uno, cuya evidencia puede ser manifestada fácilmente a todos: en todas las sociedades existen dos clases de personas: los gobernantes y los gobernados. La primera, que es siempre la menos numerosa, lleva a cabo todas las funciones políticas, monopoliza el poder y goza de las ventajas que a él están unidas; mientras la segunda, mucho más numerosa, está dirigida y regulada por la primera en modo más o menos legal, o más o menos arbitrario y violento”.
La absoluta mayoría de nosotros representamos a “los gobernados”, somos los que el psiquiatra y escritor francés Frantz Fanon llamaba “Los condenados de la tierra”. Somos aquellos que a nadie interesa y que a nadie importa, por muchos sufrimientos, injusticias y desigualdad que estemos experimentando.
Y si de desigualdad se trata, de los 34 países que conforman la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), Chile es el país con la mayor DESIGUALDAD en términos de los ingresos que percibe el 5% más rico de este país versus lo que percibe el 95% restante. No lo digo yo, lo dicen todos los expertos y todos los estudios que se han  hecho.
Para que el lector lo sepa: le ganamos en desigualdad hasta a los propios yanquis, campeones mundiales de la desigualdad. Le doy un ejemplo fácil de verificar: si examinamos lo que gana un senador chileno considerando su “dieta” de $9.121.806, más los $17.192.836 de asignaciones por concepto de bencina, alojamiento, alimentación, teléfonos, celulares, peajes, pasajes aéreos, etc., suma un total de $26.314.642, es decir, este parlamentario gana ¡105 veces más! que el 50% de la población de Chile que gana el sueldo mínimo: $250.000.
Le doy al lector otro dato que también puede verificar. Thomas Piketty, economista francés especializado en desigualdad económica y distribución de la renta –quién se convertirá, con toda seguridad, en el próximo Premio Nobel de Economía–, luego de una minuciosa y extensa investigación, consignó en su obra “El capital en el siglo XXI”, publicada en el 2013, que en EE.UU., entre los años 2010 y 2011, “el 10% de la población más rica de ese país poseía el 72% del patrimonio total de EE.UU., en tanto que el 50% de los norteamericanos más pobres poseía un exiguo 2% de la riqueza del país” (página 282 del libro). Si esa es la realidad de EE.UU., ¿puede el lector imaginarse cuál será el nivel de desigualdad económica para países como Chile, Perú, Bolivia, Brasil, etc.?
Y si alguien piensa que estas desigualdades se deben a la falta de educación o a la precaria y pésima calidad de la educación en países como el nuestro, Piketty nos da una verdadera bofetada en la cara y demuestra, que a pesar de que Estados Unidos tiene las mejores universidades del mundo, su nivel de desigualdad es aberrante y nos dice que la verdadera razón de que la riqueza de un país se concentre en unos pocos no se debe a la falta de calificación profesional, sino que a las leyes, a las regulaciones y normativas sociales que la élite fija para sí misma. ¿Y cuál es esta élite? Simple: la que tiene el poder político y económico, que a fin de cuentas, resulta ser la dueña de la mayor parte de la riqueza de un país. Y cuando todo esto falla, entonces entran aquellos que tienen el poder de las armas y por esa vía… volvemos a lo mismo.
Dicho en otras palabras: el sistema (o juego) político está amañado desde sus inicios, condición que hace imposible que los “condenados de la tierra”, es decir, nosotros, alguna vez, podamos jugar con reglas justas y transparentes para todos. Entre otras cosas, hay que entender, que estamos obligados a votar por aquellos candidatos que los dueños del sistema amañado proponen a quienes ellos –la élite– considera como sus esclavos y servidumbre personal: nosotros.
Tal como lo señala el columnista Arturo Muñoz, el sistema político que tenemos, para que funcione –y se auto perpetúe–, requiere de políticos venales, de gobernantes corruptos, de narcotráfico, de colusiones, de delincuentes blindados, de evasores de impuestos, de destrucción del medio ambiente, de expoliación del recurso humano, de prensa servil y mentirosa, y de  un pueblo atontado por la brutal dependencia económica que proviene de deudas imposibles de pagar a los dueños de bancos e instituciones financieras, es decir, nuevamente la élite.
Aclaremos que los “políticos venales” –de acuerdo con la RAE– son aquellos sujetos vendibles –o que están a la venta al mejor postor–, o en su defecto, que se dejan sobornar con dádivas, dinero, puestos de privilegio y otros similares. No es ningún misterio que de ese tipo de sujetos tenemos en exceso en Chile.
Incluso más: con la nueva camada de jóvenes diputados nos estamos llevando la desagradable sorpresa de que son exactamente iguales a sus mayores, por mucho que estos jóvenes diputados griten y se declaren “socialistas”, “comunistas”, “revolucionarios” y todo otro adjetivo que suene populista y cercano al pueblo, pero una vez más, la bofetada la recibimos directamente a la cara.
¿Quiere el lector algunos ejemplos? El diputado Giorgio Jackson y su madre Carmen Gloria Drago recibiendo honorarios millonarios como Directora de Recursos Financieros de la JUNJI; el diputado Gabriel Boric y su padre, Luis Javier Boric, vendiendo por nada menos que ¡$1.340 millones de pesos! un pilche terreno al fisco que costó menos de cuatro millones de pesos; la diputada Camila Vallejo y su pareja Julio Sarmiento, quién, de la noche a la mañana se transforma en flamante asesor del Ministerio de Salud, con también flamantes y elevados honorarios y… ¿para qué seguir con una interminable lista de otros políticos venales vendidos al mejor postor y en claro incesto con el poder económico?
Como alguien muy bien señaló: estos sujetos piensan como Marx, hablan como el Che Guevara, gobiernan como Castro, pero viven una vida en cuna de oro a lo Bill Gates y Nelson Rockefeller juntos.
Pregunta de cierre:
¿Dónde se habrá metido la clase política la frase que define a la democracia, y que dice que ésta es “EL GOBIERNO DEL PUEBLO, POR EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO”?

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