domingo, 20 de marzo de 2016

ANOREXIA Y BULIMIA: DOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS SILENCIOSOS Y AUTODESTRUCTIVOS

Dr. Franco Lotito C.  –  www.aurigaservicios.cl
Docente e Investigador  (UACh)

“Los factores genéticos  cargan la pistola. El ambiente jala el gatillo” (Dr. Craig Johnson, Director de la Unidad de Desórdenes Alimentarios del Hospital Siquiátrico Laureate, Estados Unidos).

De acuerdo con las cifras que entrega el Ministerio de Salud en Chile, alrededor de 80.000 mujeres jóvenes, cuyas edades fluctúan entre los 13 y los 30 años sufren de anorexia nerviosa, en tanto que alrededor de 500.000 mujeres sufren de bulimia, dos trastornos alimentarios ligados entre sí que han tenido un incremento notable en los últimos años. Un dato importante y digno de destacar, es el hecho que estas enfermedades se presentan de manera preferente en mujeres jóvenes –incluso en niñas de nueve y diez años–, en tanto que sólo un 10% de los casos corresponde a hombres, si bien el número de estos últimos ha ido en aumento con el transcurso de los años.
Otro dato relevante, es el hecho de que estas patologías son transversales y se presentan de igual forma en los distintos estratos socioeconómicos, no obstante el mito que señala que estas enfermedades afectarían a personas pertenecientes a niveles socioeconómicos altos.
La anorexia es una enfermedad psicológica, que se caracteriza por la imagen distorsionada que tienen de sus cuerpos las personas que padecen este trastorno, con un sentimiento –sin fundamento alguno– de la persona de sentirse excesivamente gorda. Al mismo tiempo, se produce un miedo de tipo obsesivo ante la posibilidad de subir de peso, condición a la que se suma una aversión y rechazo a la comida.
Sin embargo, las restricciones auto impuestas en el consumo de alimentos pueden llevar a las personas a la muerte, por cuanto la anorexia tiene un rango de mortalidad cercana al 10%, lo cual, posiciona a la anorexia con uno de los mayores  índices de mortalidad de todas las enfermedades de tipo psicológico.
Diversas investigaciones han determinado que la presencia de factores genéticos eleva hasta en 12 veces el riesgo de sufrir anorexia, lo que implica que existe una cierta predisposición de los miembros de una familia a desarrollar este trastorno cuando se nace en un hogar con antecedentes de este tipo. No obstante lo anterior, los factores ambientales y los cánones de belleza imperantes en la sociedad también juegan un rol para efectos de desatar el cuadro, ya que son factores que pueden gatillar el trastorno. Un ejemplo de lo anterior lo constituye, por ejemplo, el inicio de una dieta restrictiva –que se convierte en un factor precipitante de la enfermedad– si alguien del entorno cercano en el que vive la joven –familia, grupo de amigos, trabajo– le da demasiada importancia a la imagen física.
Las diferencias esenciales que distinguen a la anorexia de la bulimia son las siguientes:
ANOREXIA: se caracteriza por: (a) la pérdida del 15% en relación con el peso mínimo que correspondería tener según talla y sexo, (b) el rechazo de la persona afectada a mantener, justamente, el peso mínimo considerado normal. En este sentido, se considera como anoréxica a una persona cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) es inferior a 17,5, en donde, el IMC es un indicador que se obtiene calculando el peso del sujeto –en kilógramos– dividido por el cuadrado de la altura –en metros–, (c) existe una imagen alterada y distorsionada del cuerpo, con presencia de miedo intenso a engordar (sentirse gorda), mientras se adelgaza, (d) a causa de la sensible pérdida de peso, la afectada presenta amenorrea o falta de menstruación (e) se produce una serie de síntomas, tales como volverse frágiles o escuálidas físicamente, tener uñas quebradizas y sufrir pérdida del cabello, presentar alteraciones dentales (corrosión del esmalte dental y presencia de caries debido a las purgas y al vómito autoinducido), menor temperatura corporal (extremidades frías), alteraciones cardiovasculares (hipotensión, bradicardia, arritmias), alteraciones gastrointestinales (flatulencia, hinchazón, estreñimiento), obsesión por el control del peso, contar y/o racionar los alimentos de forma meticulosa, realizar ejercicio en exceso, aislarse socialmente (para evitar comidas o festejos donde se sirven alimentos), estar con depresión, sentirse sin fuerzas ni energías, experimentar frío con frecuencia.
Algunos rasgos de personalidad que predisponen a este trastorno son la presencia de ansiedad y tendencia al perfeccionismo. También se ha relacionado esta enfermedad con algunas alteraciones psiquiátricas como depresión mayor y trastornos obsesivo-compulsivos. En ciertos casos existen factores familiares que también pueden incidir, tales como presencia de alcoholismo o trastornos psiquiátricos en familiares de primer grado (padres, hermanos).
BULIMIA: también se la describe como “anorexia de tipo purgativa” que combina la ingesta de grandes cantidades de comida a escondidas –son verdaderos “atracones” con crisis de apetito voraz e incontrolado– seguida de conductas purgativas, es decir, los alimentos ingeridos son expulsados de manera inducida a través de vómitos, uso de laxantes, diuréticos, enemas y/o ejercicio físico excesivo. Es una condición que se vive con mucha ansiedad, con sentimientos de culpa y auto desprecio. Esta enfermedad puede conducir a que se presenten serias complicaciones, tales como daño al estómago, generación de comportamientos compulsivos difíciles de evitar, alteraciones cardiovasculares (infartos al miocardio), reflujo, irritación a la garganta, problemas hormonales, hemorroides, entre otras graves consecuencias.
Los sujetos bulímicos suelen ser emocionalmente inestables, impulsivos, con una baja autoestima y presentan baja tolerancia a la frustración. Existe también una tendencia general en estas personas a la automedicación.
Las jóvenes víctimas de estos dos trastornos se refieren a la anorexia y a la bulimia bajo los seudónimos de ana y mía. El fenómeno ha derivado, incluso, en la aparición de una suerte de “hermandades” cerradas en las que participan miles de jóvenes anoréxicas y bulímicas. Tanto es así, que en algunos sitios de Internet, no se puede ingresar al chat si no se cuenta con una clave, o en su defecto, con la autorización de alguno de los miembros “oficiales” del grupo. (Algunos ejemplos de declaraciones del chat: “Soy ana, tengo 19 años, pero esta semana fui mía y fue una experiencia horrible”, “Tengo 17 años y soy mía desde hace más de un año”).
Para quienes rodean a las personas afectadas no es sencillo comprender este trastorno, produciendo mucha frustración, rabia e impotencia. Las personas con anorexia tienen una muy baja autoestima, se sienten poco queribles (“gorda de poco atractivo”), poco aceptadas por su grupo de pares e inadaptadas socialmente. Estas personas necesitan controlar “algo” y ese algo es el control de su ingesta alimenticia y, por esa vía logran, paralelamente,  movilizar emocionalmente a su ambiente cercano, transformándose en el centro de atención.
En el caso de la bulimia, en tanto, se trata de personas que se sienten sobrepasadas por sus emociones, están convencidas de que no pueden controlar sus vidas y se castigan por eso, desbordándose y comiendo a destajo y sin parar. Esta forma de proceder es una suerte de “auto-castigo” para estas personas y es como si se dijeran: “come, sé una gorda”, “no eres capaz de controlar tu vida, mira en lo que te has convertido”. Luego surge un sentimiento de auto perdón, liberándose de la culpa a través del vómito, dándose una nueva oportunidad, pero vuelven a caer como en un círculo vicioso, lo que determina que su autoestima baje cada vez más, hasta sentirse incapaces de controlar lo que les sucede.
En ambos casos, la sugerencia es ponerse cuanto antes bajo el cuidado de especialistas, por cuanto, las consecuencias pueden ser muchas y todas ellas tienen un carácter de mal pronóstico si no se actúa a tiempo. En algunos casos, el pronóstico incluye el fallecimiento de la persona afectada por un trastorno alimentario.

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